CANCÚN, QRoo, 31 de diciembre de 2019.- Las criptomonedas, a diferencia del dinero común, son un tipo de moneda virtual que hace uso de un complejo cifrado digital en sus operaciones, y pueden ser usadas en transferencias o bien el pago de un producto o servicio; este tipo de divisa solo existe en la web, se generan y almacenan únicamente de manera digital y si bien pueden ser usadas en cualquier parte del mundo, debemos tener en cuenta que el principal requisito es, que los negociantes admitan este tipo de pago digital para llevar a cabo la transacción.

Las criptomonedas se basan en la criptografía, técnica utilizada para cifrar y descifrar información utilizando cálculos matemáticos que hagan posible el intercambio de mensajes de manera que solo puedan ser leídos por las personas o programas a quienes van dirigidos, con el fin de mantener su integridad.

Si bien estas técnicas criptográficas son de clave pública, la parte robusta de ellas es privada, así se consigue la seguridad de la moneda, a su vez fiabilidad, y se evita que pueda ser falsificada o duplicada.

Aunado a esto y con la finalidad de salvaguardar la integridad de la moneda, se utilizan cadenas de bloques, mejor conocidos como blockchain, así se consigue un grado superior de seguridad para evitar cualquier tipo de fraude con este tipo de divisas, ya que éste registra cada una de las transacciones realizadas.

Generar o crear una criptomoneda, inicia desde un código matemático, donde cierta cantidad de ciclos genera una divisa.

A diferencia del papel moneda, donde los países deciden emitir una limitada cantidad de valores circulantes en su economía, las criptomonedas van apareciendo de manera más constante, creciente y sistematizadamente, pero esto no significa que no esté regulada: los bloques de criptomonedas van apareciendo con una constancia que depende de códigos matemáticos altamente complejos para la generación de cada una de ellas, es aquí donde entran los programadores, que básicamente se dedican a minar, literalmente buscan cada cierto tiempo para encontrar la solución de un problema matemático en el menor tiempo posible, del cual obtengan una criptomoneda y de esa manera llevarla al cibermercado, al inicio estas operaciones eran o resultaban bastante simples, algo así como sumar 2+2, bueno, tampoco tan fácil, pero con el auge de los últimos años, y con la finalidad de mantener un control sobre ellas, los códigos para obtenerlas se han vuelto más complejos y con ello aumentó el valor de las unidades que salen al mercado.

Para pronto y más fácil, que de eso se trata esto, las criptomonedas nacen como en una mina; no escarbarán tierra, pero sí acertijos matemáticos y el más veloz se lleva la recompensa, a estos audaces matemáticos que para nada usan calculadoras pero sí sofisticados equipos de cómputo, envidiados por muchas empresas internacionales, son los responsables de generar la riqueza que desborda en la web y no por nada los llaman “mineros”.

No necesitamos ser mineros para acceder a este tipo de monedas, ellos solo son los encargados de buscarlas y ponerlas a nuestro alcance, obvio se llevan su parte por “el trabajo duro”, a nosotros nos toca la parte “fácil”, pagar por cada una al precio del mercado y del tipo de criptomoneda que deseemos acceder.

No solo existe el Bitcoin, por el momento digamos que es la más popular; si queremos invertir y hacer uso de ellas, primeramente debemos contar con un dispositivo capaz de almacenarlas, ya que solo así se pueden realizar las transacciones. Pensemos en estas herramientas como monederos electrónicos, los cuales son utilizados para pagar o recibir el valor de algún producto o servicio en la red, ojo, esto no significa que su uso se limite a productos o servicios digitales, sino también a productos físicos que podemos recibir en la puerta de nuestra casa, de esta forma es como las criptomonedas nacen, crecen, se multiplican y cambian de mano… mejor dicho, de dispositivo.