CANCÚN, QRoo, 19 de junio de 2018.- La playa aparentemente está sola, el silencio lo rompe el ruido de las olas y la luna apenas se vislumbra. De pronto, ante la mirada atónita de los agraciados que se esconden, se avista una tortuga gigantesca que sale del mar y ha regresado al lugar a donde nació para cavar con sus poderosas aletas traseras un hoyo, de unos 80 centímetros de profundidad, entrar en trance y desovar entre 80 y 100 huevos, durante aproximadamente 45 minutos.

Atrás de ella, con sigilo, llega hasta el lugar que escogió la tortuga, uno de los protectores. Tiene su cubeta al lado del agujero mientras que una mujer le alumbra con una luz que apenas es perceptible por el ojo humano. Conforme la tortuga va echando a su hoyo los huevos blandos, calientitos, mojados y babosos, la mano del protector empieza a sacarlos del nido y a colocarlos cuidadosamente en la cubeta sin que ella se dé cuenta. Casi terminan igual.

El cansado quelonio se apresura a tapar su nido echando arena con sus aletas traseras, casi sobre la cara del protector, pero no lo ve, y cuando siente que lo ha tapado, sin voltear, retoma el mismo camino al mar y se pierde en la oscuridad.

De inmediato, el protector y la mujer llegan a la reserva, ubicada a unos metros, donde ya está abierto un agujero similar. Cuidadosamente colocan los huevos y los tapan con arena, para después colocar una banderita con la fecha. Ahí permanecerán aproximadamente 60 días cuidados de depredadores y sobre todo, de humanos que intentarán robarlos para después venderlos de forma ilegal.

La mujer se percata de que a un lado de ese nido, otro ya cumplió los 60 días naturales. Pone a su lado una cesta y empieza a cavar con sus manos la arena, hasta encontrar un huevo roto por una pequeña tortuguita tiesa que parece muerta. De inmediato, con sus manos, la toca y el animalito al sentir el contacto empieza a mover sus fuertes aletas y luego la cabeza. Mide aproximadamente unos nueve centímetros, pero sus aletitas tienen la fuerza para empujar los dedos de la mujer antes de ponerla en la cesta.

La escena se repite una y otra vez, 101 veces y hay que apurarse porque pronto darán las 5 horas y tiene que dejarlas cerca de la playa para que inicien su aventura de vivir. De los 87 tortuguitas, 14 murieron y son separadas del resto que no paran de moverse, una arriba de otra.

Casi amanece, varias personas llevan cestas muy cerca del mar, aproximadamente a unos dos metros, es tiempo de liberar una a una las tortuguitas que como si echaran carreras se avientan a las olas.

Uf, esta vez no fueron presas de cangrejos o alguna de las muchas aves que por el olor sobrevuelan la zona. El sol está saliendo y solo una de cada mil tortuguitas hembras que recorrieron esa madrugada la playa, regresará al mismo lugar a desovar dentro de algunos años. Por ese día, la labor de los brigadistas quintanarroenses ha terminado.

El 1 de mayo inició de forma oficial la temporada de anidación de tortugas marinas en Cancún, donde la Dirección de Ecología del Ayuntamiento de Benito Juárez, emprende por varios meses acciones para proteger a las cuatro especies que desovan en este destino turístico.

Las tortugas blanca, carey, caguama y laúd escogen sus lugares para anidar aproximadamente en unos 12 kilómetros de playa, siempre vigiladas por las autoridades, grupos de ambientalistas y ciudadanos que asisten de voluntarios, porque el trabajo dura toda la noche y hay veces que “no se tiene suerte”, porque no llega alguna.

Su cuidado es ya una celosa tradición en la que participa también la niñez y juventud quintanarroense, turistas y la iniciativa privada, sobre todo en la liberación de las crías. En 2017 fueron más de un millón de tortuguitas marinas, que están catalogadas como una especie en peligro de extinción dentro de la legislación federal.

Cancún resguardó en 2017, 51 corrales con 11 mil 156 nidos que dieron como resultado 1 millón 257 mil 831 huevos y es el primer lugar de anidación en Quintana Roo, seguido de la Riviera Maya.

Este 16 de junio se celebró el Día Mundial de las Tortugas Marinas que son uno de los animales más antiguos del planeta, pero quizá el más amenazado por cazadores ilegales que las acechan por la noche cuando llegan a las playas a desovar y recogen sus huevos para venderlos.

Otro enemigo de los quelonios son los plásticos en el mar que las atrapan y asfixian, además de la contaminación del agua por diferentes sustancias,

Lugares privilegiados de arribo

De mayo a septiembre, de las siete especies que hay en el mundo, seis anidan en playas mexicanas, y cuatro de ellas llegas a costas de Quintana Roo: las tortugas blanca, caguama, carey y laúd.

De julio hasta noviembre nacen las tortuguitas, siendo octubre el mes más crítico para la actividad de liberación de éstas.

En la entidad hay seis lugares donde los locales y turistas pueden admirarlas.

En Quintana Roo hay grupos especiales que fomentan su cuidado y su liberación. Todos los que realizan esa actividad deben tener un permiso de operación de la Semarnat.

Las tortugas también arriban a Cancún, a las playas Delfines, Marlín y Chac Mool y se forman grupos desde las 20 horas para cuidar que desoven y posteriormente llevar los huevos a lugares seguros. Para participar, la gente debe llegar unos 20 minutos antes y tras ser identificado plenamente, apoya durante la noche.

En la Riviera Maya, en el Parque Xcaret, ubicado a 6 kilómetros de Playa del Carmen, es uno de los sitios. Su programa de conservación de tortugas Marinas abarca 13 playas de anidación, desde Punta Venado, al sur de Xcaret, hasta la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, es actualmente el mayor programa de este tipo en el país.

Otro de los lugares tradicionales es Xcacel-Xcacelito, donde el Consejo Nacional de Áreas Protegidas tiene un esquema de conservación desde hace varios años. A partir de septiembre cuentan con un programa de liberación y tiene un costo para poder participar, ese dinero se utiliza para protección de nidos y la infraestructura necesaria para proteger a las tortugas.

Ahí, la gente que desee, debe presentarse en la playa a partir de las 17:30 horas para poder formar parte del grupo. Adicionalmente, hay un programa de conservación por parte de Flora Fauna y Cultura de México, que se encarga de realiza la liberación de tortugas y dar pláticas de sensibilización ambiental.

Akumal, que en maya significa lugar de tortugas, es otro de los lugares a donde llegan los quelonios, así como Tulum.

También arriban a costas mexicanas la lora (Lepidochelys kempii), que es la tortuga marina más pequeña y mide entre 52 y 74 centímetros con un peso de entre 32 y 49 kilogramos, así como la olivàcea o golfita (Lepidochelys olivácea), que mide alrededor de 75 centìmetros y pesa máximo 45 kilogramos y la carey (Eretmochelys imbricata) cuyo rasgo distintivo es la trama de tonos cafés y verdes que decoran su caparazón y plastrón.

 

Pero si lo que se quiere no es ver que lleguen sino observarlas en el día, en Isla Mujeres existe la Tortugranja, situada al sur de la ínsula, a un kilómetro al norte de playa Lancheros, donde de 9 a 17:00 horas se puede apreciar su gigantesca belleza.

Igual de viejas que los dinosaurios

 

Las tortugas superan en antigüedad a las serpientes, cocodrilos y caimanes. Según investigaciones, fueron una especie que convivió incluso con los dinosaurios.

Alrededor del mundo predominan siete especies de tortugas marinas: la plana (Natator depressus), la verde (Chelonia mydas), la carey (Eretmochelys imbricata), la boba (Caretta caretta), la laúd (Dermochelys coriacea), la olivácea (Lepidochelys olivacea) y la bastarda (Lepidochelys kempii).

 

A las costas mexicanas, según a Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, llegan la tortuga laúd, que es la más grande del mundo; la tortuga verde o blanca (Chelonia mydas), que se llama así por la grasa de su cuerpo que es de un tono verdoso; la caguama o boba (Caretta caretta), que se distingue por su coloración más rojiza y por su cabeza más gruesa y grande.

 

El caparazón de una tortuga forma parte de su esqueleto y se compone de más de 50 huesos, entre los que se incluyen su caja torácica y la columna vertebral.

 

 

Las tortugas marinas no tienen dientes, sino una serie de picos de queratina en la parte superior de sus bocas. Su alimentación depende del entorno en el que viven, pero todas son omnívoras y su dieta consiste en algas, calamares y medusas, aunque prefieren alimentos de color rojo, naranja y amarillo.

 

Su reproducción es toda una hazaña, ya que sus enormes caparazones son una dificultad física adicional al apareamiento. El pene del macho pasa por debajo del caparazón de la hembra y posteriormente se introduce en la cloaca de la hembra.

 

Por lo general, llegan a poner 100 huevos que tardan en incubarse dentro de la arena aproximadamente 60 días. Las hembras regresan a las playas a donde nacieron para dejar sus huevos, que son blandos, de colores que van del color blanco al grisáceo, pasando por el crema. Algunos son pintos.

Las tortugas laúd emiten sonidos curiosos mientras anidan y algunos semejan eructos.

Al eclosionar, las tortuguitas bebés recorren ace

 

leradamente el tramo que las separa del mar. Se estima que solamente una de cada mil crías sobrevive y alcanza la edad adulta.

 

Las tortugas marinas pueden vivir hasta 200 años, según su especie y migrar largas distancias. El récord lo ostenta una tortuga laúd hembra que logró nadar 20 mil 900 kilómetros en 647 días, desde Indonesia a la costa oeste de Estados Unidos.