Candidatos de Morena
La regularización de los llamados autos chocolate fue, durante varios años, una política extraordinaria diseñada para enfrentar una realidad heredada: millones de vehículos de procedencia extranjera circulaban en México sin control, sin certeza jurídica y fuera de cualquier marco fiscal. El decreto que permitió su regularización cumplió una función social y administrativa innegable, pero toda política excepcional debe tener un final claro, y ese momento ha llegado.
La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de cerrar definitivamente el programa de regularización de autos chocolate a partir de 2026 no es un acto improvisado ni una ruptura, sino un acto de gobierno responsable, que pone orden donde la excepción ya había cumplido su propósito. Gobernar también es saber cerrar ciclos, y este es uno de ellos.
Durante la vigencia del programa, millones de familias obtuvieron certeza legal sobre su patrimonio; se fortaleció la seguridad pública mediante el registro vehicular y se generaron recursos públicos importantes destinados, en muchos casos, a infraestructura vial. Ese objetivo social fue alcanzado. Mantener abierto el programa habría significado perpetuar una anomalía jurídica, incentivar el contrabando y debilitar el régimen aduanero del país.
La nota completa en Quadratín Michoacán
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