¡REELECCIÓN DE AMLO… Y DE CALDERÓN, PEÑA, SALINAS…!

Lo hizo como candidato opositor y hoy, como presidente, Andrés Manuel López Obrador sigue jugueteando con la tentación autoritaria de la reelección presidencial, prohibida por la Constitución.

         Incluso, el pasado fin de semana, de gira por Veracruz, soltó la especie engañosa –mediante sus típicos juegos de palabras–, de que si bien no busca la reelección si piensa en una suerte de extensión de mandato; fórmula para no llamarle pan al pan y vino al vino; la misma fórmula que emplean todos los dictadores del mundo.

         Y frente a la juguetona confirmación autoritaria de AMLO, muchos suponen –de manera ingenua y hasta torpe–, que es temprano para hablar de reelección, sin entender que es precisamente el mejor momento y el fin último del aprendiz de dictador llamado López Obrador. ¿Y por qué es el mejor momento?

         Porque si hoy AMLO empieza a hablar de una potencial reelección o de la eventual ampliación del mandato, llegado el momento no serían muchos los sorprendidos sino que, al contrario, podrían ser muchos los convencidos.

         Por eso, desde hoy Obrador juega con la idea de que “su obra” no estará terminada en el plazo sexenal y que, por ello –“y para conseguir que madure el árbol sembrado en 2018”–, se requerirá de por lo menos una década de gobierno.

         Así lo ha planteado en corto y en largo; recio y quedito y así se los dijo apenas el fin de semana a sus colaboradores de los gabinetes legal y ampliado; en la primera reunión de evaluación de todos sus colaboradores, a poco más de dos meses de arrancado el gobierno.

         Pero lo más simpático de la tentación autoritaria de AMLO –durante la siembra de sus afanes de reelección–, es que al abrir la puerta falsa de la perpetuación al estilo porfirista, también abre “la caja de pandora” no sólo de las ambiciones de reelección de otros ex presidentes sino de la legitimación de partidos como el de los Calderón.

         Y es que si AMLO abre la puerta reeleccionista –sea de manera directa o indirecta mediante la extensión del mandato–, no sólo conseguirá la legitimación del nuevo partido de Margarita Zavala y de Felipe Calderón sino que dejará la pista libre para los afanes reeleccionistas de Fox, Salinas, Zedillo y hasta Peña Nieto, quienes no dudarían mucho para regresar a las boletas presidenciales.

         Por eso, a sólo 70 días de iniciado el gobierno de AMLO, se abre la temporada sexenal de la especulación pura y dura; de las apuestas y hasta las quinielas para la sucesión presidencial de 2024

¿Imaginan una boleta electoral en la que pudieran competir presidentes de probado éxito como Calderón y Peña, frente al fracaso –que está a la vista de todos–, de la naciente gestión de López Obrador?

¿Imaginan la lucha a muerte –la carnicería política–, entre la creación de empleos y el crecimiento económico del demoniaco neoliberalismo de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, confrontado con el populismo, de nulo crecimiento y desempleo boyante del gobierno de López Obrador?

¿Imaginan el debate en redes entre los morenos que defienden la pobreza como virtud de todos los ciudadanos –¡primero pobre que indigno!–, y la abolición de la riqueza, confrontados con el pecaminoso neoliberalismo que no sólo provoca diabetes sino que estimula la infidelidad?

Lo cierto es que –le guste o no a muchos especialistas y opinantes–, ya está en marcha la reelección de López Obrador y, junto con ella, una eficiente campaña de convencimiento de que el nuevo gobierno necesita mucho más tiempo del sexenal –previsto en la Constitución–, para llevar a cabo “los cambios” que se ha propuesto; discurso engañabobos del “necesariato”

Y, en efecto, Obrador puede prometer todas las veces que quiera que no busca la reelección, pero por décadas ha confirmado que la suya es una genética autoritaria y mentirosa, propia de los dictadores.

Por lo pronto, ayer en Querétaro, López Obrador anunció una nueva Constitución, esa en la que incluirá la extensión de mandato.

         ¿Lo dudan…?

Al tiempo.