¡PARA LA COMPRA VOTOS, MATAN LOS FIDEICOMISOS!

         La paradoja resulta insultante y grosera, si no es que una obscenidad política.

         ¿Por qué?

         Porque muchos de los mexicanos que se beneficiaban de los más de cien fideicomisos que hoy podrían morir, votaron por el candidato López Obrador, en julio de 2018.

         ¿Y eso que tiene de particular?

         Poca cosa, que el dinero que les quitarán a las mejor causas de México y a muchos de los mejores mexicanos –científicos, investigadores, especialistas, expertos, creadores, médicos, cineastas, escritores y programas de atención a enfermos extremos–, será destinado a la compra de votos, entre los mexicanos más pobres.

         Dicho de otro modo, resulta que el gobierno de López Obrador despide a miles de mexicanos de excelencia, para comprar –con el mismo dinero de los fideicomisos–, miles de votos que le costarán un plato de lentejas.

         Así se conseguirá la milagrosa multiplicación de los pobres y la multiplicación de los votos, en todos los gobiernos clientelares de Morena.

         Y aquí empiezan las preguntas obligadas.

¿Qué no era una prioridad sacar de su postración a los pobres? ¿Qué no eran una perversa maldad los gobiernos clientelares y populistas?

         Lo cierto es que frente a esa grosera paradoja, también se multiplican las preguntas al gobierno, a los políticos y, sobre todo, a quienes se dicen los verdaderos preocupados por México.

         ¿Dónde está un nuevo desplegado de los “abajo-firmantes”, que condene la muerte de los fideicomisos? ¿Dónde están los intelectuales, los creadores, los cineastas, los escritores, los periodistas y los científicos que votaron por AMLO y que hoy son echados porque su voto cuesta muy caro?

         ¿Dónde están las voces de los preocupados por la “libertad de expresión”, que no se preocupan por los fideicomisos para la educación, la ciencia, la cultura, el arte, la creación intelectual y la literatura?

         ¿Dónde están los humanistas –humanistas de verdad, no farsantes como López Obrador–, para defender los programas de salud especializada, dirigida a mexicanos sin recursos, para que den la cara en defensa de los fideicomisos que daban salud a miles de mexicanos pobres?

         ¿Dónde están los militantes de la vieja izquierda mexicana, hijos del “2 de octubre”, que cuestionaban el clientelismo y el populismo de derecha del viejo PRI?

         Muchos de los que serán despedidos a partir de hoy –una  vez cancelados los fideicomisos–, prefieren guardan silencio de complicidad, ante la destrucción de una parte de lo mejor de México.

         Y es que hoy, jueves 1 de octubre del 2020, la mayoría de la Cámara de Diputados –una mayoría de lealtad ciega al presidente–, podría poner fin a más de un centenar de fideicomisos que estimulan la ciencia, la educación, a los creadores, las bellas artes y programas especiales de salud.

         En pocas palabras, buena parte de lo mejor de México ya no tendrá el financiamiento del Estado para seguir creando, investigando, desarrollando tecnologías, nuevos desarrollos médicos; no habrá nuevas generaciones de escritores y científicos…  porque el dinero que el Estado canalizaba a esos mexicanos será destinado a los programas sociales –clientelares–, de Morena; a la compra de votos, a cambio de migajas.

         Peor aún, miles de mexicanos que recibían atención especializada para revertir o paliar padecimientos de distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, renales, pulmonares y muchas más, serán abandonados a su suerte –a la muerte–, porque el dinero de la salud será destinado a comprar el voto, de los más pobres.

         Lo cierto es que al cancelar más de un centenar de fideicomisos –de todo tipo–, se confirma el perverso “ciclo político electoral” del gobierno de López Obrador; el ciclo de multiplicar a los pobres, para multiplicar los votos a favor de Morena; empobrecer más a los mexicanos pobres, para empobrecer el costo de los votos.

Y es que un pueblo pobre, acepta pobres migajas por su voto.

         Un ciclo perverso que pocos se atreven a denunciar y que otras tantos prefieren solapar por complicidad.

         Por ejemplo, los diputados de Morena y sus aliados confirman que lo suyo, lo verdaderamente suyo, es “la lealtad ciega” al “gran líder”. Es decir, Morena y sus aliados traicionan a los votantes, a los ciudadanos en general; traicionan a la división de poderes y traicionan la democracia toda.

         ¿Qué no era esa “lealtad ciega” una de las “peores taras” del viejo PRI, que con severidad criticaba la también vieja izquierda mexicana?

         Sí, son de risa local; de viejos, son todo aquello que criticaron a los 20

         Al tiempo.