CANCÚN, QRoo, 13 de noviembre de 2019.- El espectáculo que dieron ayer los senadores en México, en la toma de posesión de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra, fue a todas luces aberrante, pero el hecho de que la senadora Marybel Villegas haya estado en primera fila es una vergüenza para los quintanarroenses, porque la priísta ahora morenista, evidencia lo que es: una verdadera argüendera.

Entonada con el “¡Qué poca madre!” de su líder de fracción Ricardo Monreal, en pleno Senado de la República, que se lo dedicó al bloque opositor de derecha por alterar un video donde se le acusa de haber duplicado su voto en la elección de la ahora presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, durante las seis horas de sesión la Vergüenza (senadora) quintanarroense gritó, pataleó, empujó, jaloneó… enseñó su cobre.

Lo que no sabe, la señora es que muchos quintanarroenses lamentan el haber votado por los morenistas, en la eufórica ola del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador y que con sus actitudes, solo aleja su ansiada nominación a la gubernatura de Quintana Roo, pérdida segura si se le eligiera.

El pleitazo de este martes, como bien lo dijo un senador, es una vergüenza en la que pierden ellos, perdemos los votantes, pierden todos porque de esa forma se ganan los miles que les paga la ciudadanía, los millones que se autorizan y se llevan al término de su “cabildeo” y su “consenso” como legisladores.

En el caso concreto de la Vergüenza quintanarroense, la senadora de todos los moles y de ninguno, nada ha hecho a favor de la ciudadanía: ahí sigue Aguakán, los altos cobros de luz, la inseguridad, la falta de apoyo turístico, la no aprobación de disminuir impuestos en la frontera sur, la inminente eliminación de preferencia arancelaria a empresas chetumaleños, las extorsiones, la contaminación de acuíferos, las desapariciones de turistas… ¿le seguimos?

Qué ha hecho, ha hecho mitotes en la visita de ya saben quien para perjudicar y luego ha dado la mano y su sonrisa a esos políticos, ha incentivado el terrorismo fiscal y alejado inversionistas, paga grandes sumas para mejorar su imagen en redes, invierte en uñas y coloristas de cabello en caros salones de belleza y gasta de lo lindo en ropa para salir en la televisión de esa forma y hacerse famosa a nivel mundial con sus gritos.

Olvida que la senadora aunque se vista de seda en vergüenza se queda.

Y lo peor es que hasta su propia gente comenta que después del desaguisado, tomó una bebida caliente y orgullosa con su “sí se pudo”, dijo que seguirá “trabajando por Quintana Roo”.