El de 2020 es un año toral para México por diversas razones, entre ellas la recomposición de fuerzas políticas rumbo a la elección intermedia que renovará el Congreso federal, específicamente la Cámara de Diputados, un espacio fundamen­tal desde donde se definirán, en buena medida, no sólo los rasgos del rostro del país en la segunda mitad de esta administración federal, sino las bases de la tercera década del siglo XXI.

Es de dominio público que las eleccio­nes de julio de 2018 trastocaron la geometría política del país, vigente, en lo esencial, desde la década de los 90: los referentes del centro, la izquierda y la derecha fueron eclipsados por una fuerza política emergente que el próximo año buscará consolidarse mientras las otras buscarán reposicionarse y otras más se estarán sumando al andamiaje institucional.

Por primera vez desde la LVI legislatura, la que rigió de 1994 a 1997, un partido –o más propiamente una alianza de partidos– cuenta con la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, y cerca de ese porcen­taje en el Senado. Esa composición, en lo que se refiere a la primera Cámara, estará en juego. Un proceso en donde habrá más actores, una cifra inédita que podría rebasar los 10 partidos, una drástica reconfiguración del sistema partidista.

Entre los partidos que buscan ampliar su presencia política y legislativa destaca el PRI, que, con sus distintas denominaciones, gobernó el país durante siete décadas, que aún hoy gobierna a más de 40 millones de mexicanos de 12 estados de la República y que es, por mucho, la principal fuerza política en el ámbito municipal, con 527 ayuntamientos. Además de tener una estructura horizontal y sectorial que alcanza a las 32 entidades del país, mayor a cualquier otro instituto político.

En el pasado consejo político nacional el mandato fue claro: renovarse de raíz para erigirse en un partido moderno, democrático y competitivo, con trabajo intenso a ras de suelo en toda la geografía nacional, y que retome las banderas sociales abandonadas. Los activos no son menores: no hay otro instituto político en América Latina que haya dado estabilidad institucional y paz pública a un país por un periodo tan prolongado en el siglo XX, más una contribución decisiva en el presente siglo.

Esa historia de activos políticos y de solidaridad continental fue decisiva para que el PRI haya vuelto a encabezar la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), a partir del 28 de noviembre del 2019, en acto celebrado en Managua, Nicaragua. La Copppal es un organismo que agrupa a 60 partidos de 29 naciones del subcontinente.

En el PAN también se vive un proceso de revisión interna, para tratar de erigirse en un partido representativo de un sector importante de la sociedad mexicana, un factor de opinión y decisión en foros nacionales y una opción de gobierno más allá de algunas entidades de la República. La irrupción de un partido afín a su doctrina, México Libre, encabezado por el ex presidente Felipe Calderón y Margarita Zavala, es un reto adicional, pues los votos potenciales de ambas agrupaciones tienen resortes ideológicos semejantes.

En el PRD el desafío es mayor, pues una gran parte de sus cuadros y militantes de base han emigrado a otra fuerza política, el actual partido gobernante. Tiene en sus activos una formidable contribución a las conquistas democráticas, sociales, humanistas y de equidad de género, que hoy forman parte de los códigos legales y los formatos de convivencia política y cotidiana entre las y los mexicanos.

Eso no niega la necesidad, reconocida por sus propios cuadros directivos, de que se reconstituya y se erija en un partido con una identidad propia en la correlación de agrupaciones del país, una organización que supere las fuerzas centrífugas que hoy lo erosionan en favor de otra opción partidaria de perfil semejante.

El abanico ideológico se ampliará, sin duda, al culminar el proceso de selección del INE entre las agrupaciones que buscan contender el próximo año. En apenas unos meses estará decidido qué nuevas organizaciones alcanzan el estatus jurídico de partidos políticos con registro legal para participar en las elecciones federales intermedias.

Entre los varios proyectos de partidos que buscan ese registro destacan las Redes Sociales Progresistas, con el liderazgo de Elba Esther Gordillo, y el Grupo Social Promotor de México, que heredó la estructura del extinto partido Nueva Alianza. Además del citado Libertad y Responsabilidad Democrática (México Libre), del ex presidente Felipe Calderón y Margarita Zavala; igualmente, Encuentro Solidario, vinculado a Hugo Éric Flores, con la estructura con que ya contaba el PES. También, con amplias posibilidades de obtener el registro, Fuerza Social por México, del senador con licencia y líder obrero Pedro Haces.

Para obtener su registro, estas agrupaciones emprenden desde febrero una tarea extenuante para reunir los requisitos legales: afiliar a más de 233 mil 945 electores mexicanos, celebrar 20 asambleas estatales con al menos 3 mil afiliados presentes o 200 asambleas distritales con 300 afiliados.

En suma, México está en proceso de cambio y requiere que su diversidad ideológica encuentre correspondencia en su pluralidad política, en un sistema de partidos políticos amplio y competitivo, que dote de los consensos necesarios a las decisiones fundamentales en favor del país, y también de los indispensables equilibrios institucionales, los pesos y contrapesos de Montesquieu, en un mecanismo dialéctico en donde los intereses generales, y no las visiones unilaterales, sean los que prevalezcan.

Presidente de la Fundación Colosio.