Cancún canta a todo pulmón con Lucero y Mijares
CANCÚN, QRoo, 31 de octubre de 2025.- Por las noches, cuando el bullicio turístico se apaga, los hornos del crematorio municipal de Cancún siguen encendidos; allí trabaja Ernesto, de 47 años, que desde hace más de una década transforma cuerpos en cenizas, en un oficio tan invisible como indispensable.
Los operadores de crematorios “enfrentan largas jornadas, exposición a altas temperaturas y contacto constante con restos humanos, todo por siete mil a 10 mil pesos mensuales, sin atención médica”, dice Ernesto a Quadratín Quintana Roo en entrevista telefónica, aunque en zonas turísticas como Cancún o Playa del Carmen, pueden alcanzar hasta 12 mil, aunque sin prestaciones completas.
En el corazón de la industria funeraria, los operadores de crematorios desempeñan una labor silenciosa pero esencial. Su trabajo consiste en recibir cuerpos, preparar los hornos, realizar el proceso de cremación y entregar las cenizas a los familiares.
“El trabajo implica exposición constante a temperaturas superiores a 800 grados centígrados y contacto con materiales biológicos”, declaró Ernesto. En cuanto a las secuelas físicas y emocionales, reporta problemas respiratorios, fatiga crónica y estrés postraumático.
“Al principio cuesta dormir. Soñar con los cuerpos, con los hornos encendidos. Con el tiempo aprendes a separar, pero no es fácil”, comparte. La falta de atención sicológica y de programas de salud ocupacional agrava la situación, sobre todo en crematorios privados.
“Al principio me despertaba sudando, con el olor del horno en la nariz”, confiesa. Aunque usa guantes, mascarilla y uniforme ignífugo, la exposición constante al calor y a partículas orgánicas le ha provocado rinitis crónica y fatiga. “He ido al IMSS, pero me dicen que no hay estudios específicos para lo que hacemos”.
En la pandemia, la carga de trabajo se duplicó: “Cremábamos hasta 10 cuerpos diarios. No había tiempo para procesar el duelo, ni para descansar”, recuerda Ernesto. Pese a ello, no hubo aumentos ni apoyos, lo que evidenció la invisibilidad de su labor.
Los operadores de crematorio siguen su labor en silencio, entre hornos encendidos y urnas para entregar. Su trabajo, aunque invisible, es fundamental en el ciclo de la vida y la despedida: “No pedimos homenajes, sólo condiciones dignas”, dice.
“Uno se acostumbra al calor, pero no al silencio de los que llegan”, añade Ernesto. Su jornada inicia a las siete de la mañana y puede extenderse hasta entrada la noche, dependiendo de la demanda. “Hay días de uno o dos cuerpos, pero en temporada alta o vacaciones, llegamos a cremar hasta ocho diarios”.
Mientras Cancún se promociona como destino de bodas y vacaciones, en los márgenes de la ciudad, los operadores de crematorio siguen trabajando entre fuego y silencio: “No pedimos homenajes, sólo que nos reconozcan y prestaciones”.

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Quadratín Quintana Roo.
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