La Apuesta

La apuesta del Gobierno Federal para 2022 lleva la mano del Secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O y en lo fundamental cree que la economía mexicana habrá de crecer 4.1%.

Sobre esa base se hizo el cálculo del ingreso y de los presupuestos asignados a las distintas Secretarías de Estado.

La pregunta es sencilla y va al centro del asunto: ¿Y si la economía no llega o alcanza a crecer 4.1%?

La respuesta que he recibido de varios analistas borda sobre lo mismo: se quedará el techo de endeudamiento autorizado (según los planes hasta ahora con un +12% respecto al techo de endeudamiento autorizado para el 2021) y ante una reducción de ingresos (porque economía que crece menos presupone que las familias no gastaron tanto como se esperaba y que por ende los ingresos fiscales buscados (casi 4 billones de pesos) no llegarán al menos en esa proporción.
Tan solo de IVA el incremento de la recaudación sería aumentado, si la proyección se cumple, casi 20 por ciento.

¿Y si no se da ese nivel de crecimiento? el Gobierno recibe menos dinero y si hay menos dinero hay necesidad de hacer más de lo mismo.

Lo que sigue, lo supone Usted: hay que aplicar ajuste a los presupuestos asignados. Viene otro capítulo más de la austeridad que ya conocemos en este gobierno. Todos se ajustan excepto algunos programas sociales y las obras emblemáticas que tendrán que apurarse para que el Presidente las inaugure antes de que finalice su gobierno.

Parece que falta mucho pero no tanto.

La mano del Secretario, decíamos, se nota.

Una mayor tolerancia al endeudamiento que además reconoce que las cargas de la política social reclaman mayor aportación de los contribuyentes.

Tolerancia a la depreciación (20.30 tipo de cambio promedio anual con terminación del año en 20.40 pesos) y un optimismo muy generoso cuando se trata de estimar la capacidad productiva de Pemex, un nivel de producción con el que sueña el Presidente pero nunca se conseguirá, no en el corto plazo luego de tantas décadas de políticas de olvido hacia la empresa paraestatal.

Dentro de las obras emblemáticas del gobierno federal, el secretario de Hacienda pretende incluir programas y esfuerzos para que esas obras perfilen fomento a proveedores locales, pero más específicamente el nacimiento de empresas que puedan vincularse con negocios colaterales que pueden crearse con el Tren Maya, con la Petroquímica en Dos Bocas o en el Aeropuerto Felipe Ángeles.

Le puedo asegurar que el nuevo Secretario de Hacienda así lo va a procurar y que impulsará que la Banca de Desarrollo pueda cumplir alguna función de apoyo en este sentido.

Ojalá la intención llegue a buen puerto y que la economía se recomponga como exigen las circunstancias.

Lo merece México y sus sectores desprotegidos a quienes se quiere privilegiar y atender como nunca antes.

Si no se tiene suerte en la apuesta acabará el sexenio como muchos otros: lamentando la alternancia y esperando que el siguiente, “ese sí, pueda poner las fichas en su lugar para que México crezca como no lo ha hecho en los pasados casi 50 años”.

¡Ah! y con más pobres.