A elegir: odio o conocimientos

      La elección del próximo día primero llevará al poder a cualquiera de estas dos opciones: el odio o el conocimiento.
                Por lo que se ve en las encuestas, la decisión parece estar tomada.
                Ante ello, sólo el voto libre y la reflexión sensata pueden provocar un vuelco.
               El mundo tiende a radicalizarse en posturas populistas que no sabemos adónde van a llevar a Europa ni cómo va a evolucionar finalmente nuestra relación con Estados Unidos.
                ¿Cómo nos vamos a parar nosotros ante este nuevo vendaval que se avecina?
                 ¿Con una sociedad dividida entre buenos y malos por el presidente que detesta a la mitad de la población porque piensa diferente?
                ¿O con una nación serena que esté encabezada por un ciudadano capacitado, honesto y de buena fe?
                Ya se ha dicho, con razón, que en México la política es, siempre, geopolítica. Más aún en estos tiempos.
                Todas las decisiones, en lo interno y en lo externo, deben tomarse con base en esa delicada premisa.
                ¿Vamos a elegir un presidente que conozca al mundo y sepa de economía, o a uno que ignore al mundo y esté reprobado en economía?
                El problema, incluso, es mucho mayor que ese.
                López Obrador está al frente de un amplio grupo que, a querer o no, ha abrevado del odio esparcido por su líder durante trece años como método para ganar adeptos en su carrera tras la presidencia.
                Ahora que está cerca de conquistar su objetivo se da cuenta del daño que ha hecho y en cada plaza pública, todos los días, tiene que decir a gritos que  él no odia a nadie.
                ¡Que se sepa bien! ¡Yo no odio a nadie! ¡La venganza no es mi fuerte!
                ¿A santo de qué tanta explicación?
                Ese odio y el ánimo de venganza contra los que piensan diferente y lo expresan en voz alta, ya se sembró.  “Minoría rapaz”, “voceros de la mafia del poder”.
                Cuando el hermano de AMLO, Arturo, expresó en Veracruz que votaría por un candidato distinto a Morena porque lo conocía, Andrés Manuel no lo llamó a reflexionar o aceptó su opinión como parte del pluralismo y la democracia:  lo desconoció como hermano. Así de fuerte.
                Arturo reviró diciendo que AMLO era “un tirano… porque está lleno de envidia, de rencor”.
                El odio es el predominante en muchos de los integrantes de Morena.
                Ricardo Raphael, en el número de este mes de Letras Libres, reflexiona precisamente sobre ese revelador episodio: “Combatir el disenso con el linchamiento público y promoverlo desde el poder, pone en riesgo la libertad”.
                Ningún grupo político es tan agresivo como Morena, y eso no se frena dándole la banda presidencial a su candidato para tranquilizarlo.
                “Ya lo consiguieron, se van a calmar en el poder”, he oído decir. Al contrario: si lo consiguen van a gobernar con todo el poder en sus manos.
                En las redes sociales los ataques que llegan a quienes piensan que López Obrador sería una desgracia para México provienen, muchas veces, desde Dubái, España, Rusia, Estados Unidos, con apodos y pocos seguidores.
                ¿Desde allá nos atacan, insultan y amenazan? No.
                Es una maquinaria de odio que trabaja desde México, bajo el mando de miembros del círculo cercano de López Obrador.
                Pregunto: si llegaran a ganar las elecciones ¿cómo van a frenar a los odiadores del SME, la CNTE, grupos de autodefensas armadas, organizaciones radicales y profesionales de la agresión y el enfrentamiento?
                ¿Eso queremos para México? ¿Un país dividido y enfrentado entre mexicanos, entre vecinos, entre familiares como en Cataluña?
                Ellos habrán ganado la presidencia de la república, y nosotros los habremos llevado al poder porque “estamos muy enojados”.
                Cuidado con el voto. Es la única herramienta para evitar esa desgracia.
                Odio o conocimiento. Esa es la elección.