Tiene Cancún nuevos mandos en Tránsito y Policía Turística
CANCÚN, QRoo, 21 de octubre de 2026.- A 21 años del paso del huracán Wilma por Quintana Roo, Cancún recuerda uno de los fenómenos meteorológicos más destructivos de su historia reciente, que dejó severos daños en la infraestructura, la actividad turística y los servicios básicos, además de marcar un antes y un después en la preparación ante ciclones tropicales.
Wilma tocó tierra en Cozumel el 21 de octubre de 2005 y afectó después el norte de Quintana Roo. El sistema alcanzó la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson durante su trayectoria y llegó a la región con categoría 4, con vientos intensos y lluvias que provocaron inundaciones, caída de árboles y daños en hoteles, comercios y viviendas.

El ciclón mantuvo condiciones extremas durante aproximadamente 63 horas en la zona, un periodo que complicó las labores de atención y recuperación. Las inundaciones y los daños en la infraestructura turística evidenciaron la vulnerabilidad de Cancún, cuya economía depende en gran medida de la actividad hotelera y de la llegada de visitantes.

De acuerdo con estimaciones del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), las pérdidas ocasionadas por Wilma ascendieron a 18 mil 773 millones de pesos. El sector turístico concentró alrededor de 94 por ciento de los daños económicos reportados para Quintana Roo, debido a las afectaciones en hoteles, comercios y servicios relacionados con esta actividad.

Desde entonces, la experiencia dejó lecciones para la protección civil en el estado. El monitoreo meteorológico, los sistemas de alerta, la evacuación de zonas de riesgo, la habilitación de refugios y la coordinación entre autoridades forman parte de los mecanismos para reducir la exposición de residentes y turistas ante la llegada de un huracán.

A más de dos décadas de aquella emergencia, la prevención también depende de la preparación de las familias, la atención a los avisos oficiales y la identificación anticipada de refugios y rutas de evacuación. La huella de Wilma permanece en la memoria de Cancún como un recordatorio de que, en una región expuesta a ciclones tropicales, la preparación puede marcar la diferencia ante una emergencia.




