TULUM, QRoo 18 de marzo de 2019.- Una patrulla de la Policía Estatal pasa lentamente por la Calle Centauro abriéndose pasó entre el bullicio de abundantes peatones de distintas nacionalidades. 
Media docena de vendedores no se inmuta al paso del vehículo que lleva a bordo varios elementos pertrechados con armas largas y uniforme táctico, que incluye chalecos antibalas y pasamontañas.
Se observa que ni esa policía, ni la municipal ambas del llamado Mando Único de Seguridad Pública en Quintana Roo impide su trasiego y venta, pese a que medio mundo apostó que sus actividades terminarían porque justamente hace 15 días, ocurrió una intensa balacera y se consumó otro asesinato en Tulum, destino donde los índices de criminalidad se elevan.
La Calle Centauro es nombrada por algunos como la Mini Quinta, aludiendo a la turística Quinta Avenida de Playa del Carmen, Solidaridad, aunque por muchos es conocida como la Calle de la Muerte en relación a todos los hechos delictivos que suceden a la vista de todos.
El lunes 4 de marzo, poco antes de las 23 horas, se desató una intensa balacera al interior de bar denominado Pasito Tun Tun, cuando se encontraba a reventar de turistas nacionales y extranjeros. Sicarios y objetivos dispararon sin importar la muchedumbre.
El saldo de esa noche fueron tres personas heridas de bala y un muerto, que cayó exactamente frente a otro bar emblemático de la zona: el Batey.
La balacera era temidamente esperada desde hace meses en la cosmopolita calle donde por cierto, y a pocos metros, también se ubica la casa familiar del presidente municipal Víctor Mas Tah,cuya administración ha visto multiplicarse los índices de criminalidad que ya eran altos en la de su predecesora, índices que aseguró en su campaña serían disminuidos de manera inmediata.
La afirmación de campaña no solo no fue cumplida, en los primeros meses de su gobierno los principales problemas se fueron agudizando y entre ellos el de la inseguridad.
El lunes 21 de enero fue liberada una banda de la delincuencia organizada compuesta por tres colombianos y una argentina, dedicada entre otros delitos al robo en bares y restaurantes.
En aquella ocasión las versiones que se obtuvieron fue que desde la esfera cercana del presidente municipal se giraron instrucciones para cambiar el motivo de la detención que era robo,  ignorando incluso los señalamientos directos de las víctimas, las pruebas y las denuncias interpuestas en el Ministerio Público contra los cuatro sujetos. La autoridad local nunca desmintió las versiones ni explicó por qué motivo se cambió la acusación inicial.
El pasado 28 de enero hubo un asalto a mano armada, como muchos otros, en el primer cuadro de la ciudad donde se logró capturar a tres detenidos, pero tres días después todos los detenidos salieron libres.
En la calle Centauro el crimen de hace 15 días y el enfrentamiento armado parecen estar en un pasado.
El ambiente es relajado y los turistas que compran con alegría las dosis personales de un surtido que incluye absolutamente todos los estupefacientes permanecen ajenos al hecho de que apenas 15 días atrás, el mismo lugar donde adquieren sus enervantes fue escenario de un cruento enfrentamiento a balazos que terminó en un asesinato.
También es posible que desconozcan que en Quintana Roo la incidencia criminal y la violencia asociada se han multiplicado en lo que va del actual gobierno estatal y ahora también del municipal.
En la balacera del pasado 4 de marzo ocurrido en la calle Centauro trascendió que hubo tres detenidos, sin embargo ninguno de ellos fue acusado formalmente por algún delito.
“¿Algo para la fiesta?”, repiten como estribillo los vendedores a los turistas, en su mayoría jóvenes, a quienes abordan sin rubor mientras se dirigen a los muchos bares y restaurantes de la calle que se ha convertido en el corazón de la vida nocturna de la ciudad de Tulum.