MÉRIDA, Yuc., 14 de mayo de 2019.- Un tema ineludible en la XVIII Semana Cultural de la Diversidad Sexual es el de la violencia en las familias mayas.

En el panel Las prácticas y representaciones genéricas y sexuales en comunidades mayas, concluyó que la violencia es más fuerte y grave que antes.

Luego de exponer ejemplos actuales de rituales, Lilia Fernández, arqueóloga que labora en Sihó, Yucatán y Fidencio Briceño, lingüista maya con gran experiencia en comunidades indígenas de Quintana Roo, expusieron que aunque se conozcan protocolos para protegerse de la violencia, el extendido parentesco familiar en comunidades dificulta y limita acciones de prevención y protección.

La violencia contra las mujeres sigue presente, agregó Lilia Fernández. Puso como ejemplo a la comunidad en que trabaja, donde las mujeres crearon un Centro Alternativo para el Desarrollo Integral Indígena (CADIN) que atiende desde hace tiempo el tema de derechos y prevención de la violencia familiar.

Fidencio Briseño menciona que la violencia es más fuerte y grave que antes en muchas comunidades debido a los efectos negativos de la migración. Los maridos que llegan borrachos al regresar de Cancún son muy diferentes a aquellos que se emborrachaban con simple licor luego del trabajo en sus milpas o en el campo henequenero.

Dice que al salir a trabajar al polo turístico o al extranjero los hombres tienen acceso a otras formas de vida y de relación entre parejas así como a diversos tipos de drogas que hacen que la violencia empeore en las comunidades mayas.

Acerca de las etapas en la vida de las personas, los investigadores coinciden en que existen en los diversos pueblos mayas de la Península de Yucatán rituales de paso similares y mencionaron el Jets mek, o bautizo maya, así como el destino final que dan al cordón umbilical de los recién nacidos.

En Yucatán entierran el cordón de las niñas en cenizas del fogón de la cocina y en Quintana Roo el de los niños es llevado y enterrado en el monte.

Explicó que en comunidades mayas quintanarroenses los elementos utilizados en el Jets Mek cambian por efectos de la migración.

Citó el ejemplo de la comunidad de Laguna Kanab en donde antes, al hacer este bautizo maya, los padrinos ponían en las manos de los bebés utensilios de cocina o herramientas del campo según sea su género, mientras que ahora ponen en sus manos un diccionario de inglés y una lap top, como hacen muchos padres y padrinos jóvenes mayas migrantes en la Bahía de San Francisco, Estados Unidos, pero el ritual se sigue haciendo en lengua maya.

Las jóvenes parejas para poder casarse en Muna, Yucatán, muchas veces tienen que emigrar primero a Estados Unidos y regresar con recursos para hacerlo, es como una prueba, solo así se hacen hombres y mujeres listos para unirse en matrimonio.

En la mesa panel coordinada por la arqueóloga Oana del Castillo se habló también de los roles de género. Aunque la cocina se destina como lugar natural para mujeres son hombres los que cocinan los guisos que se ofrendan a los yumtsiles/dioses en las ceremonias agrícolas tradicionales.

Hay que casarse para ser persona con derechos y lograr plenitud. En el caso de los varones hay que transitar de mak/persona a uinik/hombre.

Para tener un rol en la comunidad se deben respetar sus normas, también las mujeres lo cumplen y llegan ahora a ser electas comisarias ejidales. Aunque no todo es sencillo para ellas pues las que deciden seguir estudiando y hacerse profesionistas difícilmente se casan en la comunidad, mientras que los varones que salen a trabajar a Cancún o al extranjero no tienen la misma dificultad y regresan con vicios aprendidos de extranjeros, empeorando la violencia familiar.