El grito sale caro: hasta 800 pesos por un chile en nogada
CANCÚN, QRoo, 3 de diciembre de 2025.- En Cancún, diciembre huele a mar, a bloqueador y a gasolina quemada. Para Don Jesús Ek, el olor que más recuerda es el del interior de su Urvan número 47, una Nissan del 2008 que ya lleva más de un millón de kilómetros en las llantas y aún así arranca todos los días a las 4:30 de la mañana. Sale de la Región 100, donde vive, y se mete a la ruta Supermanzana 68 Walmart Kabah – supermanzana 68 otra vez. 10, 12c y hasta 16 horas diarias según alcance el cuerpo.
Este año sus hijos, Itzel (12) y Jesús Daniel (9), le pidieron algo que él nunca había considerado posible: un árbol natural de Navidad. No el de plástico que compró en el 2019 en Coppel a 24 mensualidades, sino uno de verdad, que huela a pino, que suelte agujas en el piso y que haga que la casa deje de oler a humedad y a cloro de cisterna.
Don Jesús sabía cuánto costaba. Había pasado frente a los viveros de la avenida Kabah y visto los letreros: Pino navideño canadiense de 1.80 metros, mil 900; de 2.20 metros, 2, 800 pesos. Eso era casi tres semanas completas de trabajo, contando que un día bueno le deja 900 pesos limpios después de la gasolina y el corte que le pasa al dueño de la unidad.

Pero los niños lo pidieron con esa seriedad que tienen los hijos cuando ya no piden juguetes sino experiencias. Él creció en un pueblo de Yucatán donde la Navidad era un nacimiento de barro y una rama de flamboyán pintada de blanco. Nunca tuvo árbol. Quería que sus hijos tuvieran más que él.
Empezó a ahorrar en silencio. Dejó de comprar su refresco de medio litro diario y limitar otros gastos.
El 1 de diciembre ya tenía tres mil 100. Le faltaban unos mil más para comprar también los adornos.
Ese mismo 1 de diciembre, a las 18 horas, estacionó la unidad frente famoso Mercado 23. Bajó con el pantalón de mezclilla manchado de aceite y la camisa sudada. Pidió el árbol de mil 900.

Cargó el árbol él solo hasta la Urvan. Lo amarró con mecate en el techo. Llegó a casa pasadas las 10 de la noche. Itzel y Jesús Daniel se quedaron con la boca abierta.
Esa noche Don Jesús no durmió. Se sentó en una silla plástica frente al árbol iluminado con dos serie de 100 foquitos cada una que compró en el Mercado 23. Olía a pino y a esperanza.
En Cancún hay hoteles de lujo con árboles de 10 metros traídos de Canadá. Pero ninguno huele tan fuerte a sacrificio como el que está ahora en la sala de la casa de block de la Región 100, donde un chofer de Urvan cumplió, a su manera, la Navidad más cara y más bonita de su vida.
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Quadratín Quintana Roo.
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