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CANCUN, QRoo, 29 de abril de 2026.- En el corazón de la colonia Pedregal, entre juegos de recreo y risas infantiles, destaca una pequeña de mirada brillante y sonrisa contagiosa: Emily Victoria López. Tiene apenas cinco años, cursa el preescolar en el Tomás Alba Edison y, como cualquier niña de su edad, disfruta deslizarse por el tobogán y compartir con sus amigos. Sin embargo, su historia va mucho más allá de los juegos, pues desde muy pequeña ha tenido que enfrentar una de las batallas más duras: la leucemia linfoblástica aguda.
A los tres años con tres meses, lo que parecía un procedimiento rutinario —una cirugía para retirar las amígdalas— cambió por completo el rumbo de su vida. Durante los estudios preoperatorios, los médicos detectaron anomalías en sus análisis. La alerta fue inmediata. Ese mismo día, Emily fue canalizada a un hospital especializado, donde tras diversos estudios, incluido un aspirado de médula ósea, llegó el diagnóstico que marcaría el inicio de un largo camino: leucemia.
Desde entonces, Emily no ha estado sola. Su mamá, Sury Ceballo, ha sido su compañera inseparable, su fuerza constante en cada consulta, cada tratamiento y cada momento difícil. Actualmente, ambas viven en la Fundación Aitana, desde donde reciben acompañamiento durante este proceso. Son originarias de Tabasco, y como muchas familias que enfrentan enfermedades complejas, han tenido que dejar su lugar de origen para buscar atención médica y mejores oportunidades de tratamiento.

Hoy, Emily avanza firme en su proceso: ya ha recibido 85 de las 120 quimioterapias programadas. Y aunque el tratamiento no ha sido sencillo, su evolución ha sido favorable, una noticia que llena de esperanza a su familia.
Pero si algo distingue a Emily no es solo su fortaleza, sino su capacidad de seguir siendo niña. Cuando habla de su escuela, sus ojos se iluminan. Dice que le encanta jugar en el tobogán y convivir con sus amigos en el recreo. Y cuando se le pregunta qué quiere ser de grande, responde con seguridad y dulzura: doctora, enfermera… o dentista, “de los dientes”, aclara entre risas. Además, ha encontrado una forma muy especial de expresarse: le gusta grabar videos y compartir su experiencia en TikTok y Facebook, donde, con su espontaneidad y alegría, transmite mensajes de ánimo y esperanza a quienes siguen su historia.
También hay espacio para los sueños. Gracias a actividades recreativas organizadas para niñas y niños en tratamiento, Emily ha podido visitar lugares como un hotel en la zona turística, donde disfrutó de la alberca y de una comida especial. Sin embargo, hay un deseo que guarda con ilusión: viajar a Disney. Su princesa favorita es Rapunzel, símbolo de esperanza y fortaleza, como ella misma.

Su cumpleaños será el 15 de diciembre, una fecha que este año tendrá un significado aún más especial, pues un día después está programada su última quimioterapia, si todo continúa como hasta ahora. La familia ya imagina una doble celebración: la vida, la salud y los sueños cumplidos. Incluso, hay una promesa en el aire: una fiesta temática de Rapunzel para coronar su valentía.
Emily es más que una paciente; es un ejemplo de resiliencia, de alegría en medio de la adversidad. Su historia recuerda que, incluso en los momentos más difíciles, la esperanza puede habitar en una sonrisa pequeña, pero poderosa, capaz también de inspirar a otros a través de una pantalla y de unir corazones más allá de cualquier frontera.
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