CANCÚN, QRoo, 19 de enero de 2020.-
Con la fiesta del bautismo del Señor se cierra el ciclo de Navidad y comienza la vida pública de Jesús.

Cuando Cristo es bautizado en el Jordán por Juan Bautista, se abrieron los cielos y vio al espíritu de Dios que descendía sobre él en forma de paloma y se oyó una voz que decía desde el cielo; “Éste es mi hijo muy amado en quien tengo mis complacencias”.

Con la unción del Espíritu Santo y la voz del Padre, arranca la misión de Jesús, tal como lo describe el profeta Isaías en la primera lectura: Yo te he constituido alianza de mi pueblo y luz de las naciones.

Para eso había nacido y para eso se había preparado durante 30 años.

Jesús se siente no solo respaldado por su Padre, sino infinitamente amado y revestido con el poder del Espíritu Santo.

Cristo emprende su misión porque así lo quiere el Padre.

“El Padre me ama, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”.

El Padre tiene en él sus complacencias porque Jesús hace siempre lo que a él le agrada y cumple fielmente la misión encomendada.

Queridos hermanos, nosotros también hemos sido bautizados en Cristo. En el bautismo se nos ha quitado la mancha del pecado original, pero también se nos ha dado la vida sobrenatural, por la cual creemos, esperamos y amamos a Dios nuestro Padre, como lo hizo Jesús.

Esa gracia sobrenatural que recibimos en el bautismo es como una semilla que se planta en nuestra alma para que nazca una planta, crezca, florezca y produzca abundantes frutos.

Esos frutos son las virtudes que nos hacen santos.

A nosotros nos toca cultivar esa planta para que produzca todos los frutos.

Debemos sentirnos muy agradecidos, privilegiados y muy amados por Dios Padre al haber recibido la gracia del bautismo, que nos abre la puerta a la Iglesia y a los Sacramentos.

Nuestra misión es fructificar siendo buenos hijos de Dios, de los que producen muchos frutos de santidad, para el bien de nuestros hermanos. Jesús no solo era muy bueno, sino que se pasó toda la vida haciendo el bien, realizando su misión de abrir los ojos a los ciegos y sacar de la mazmorra a los que habitan en tinieblas. Nuestra misión es pasarnos la vida, sirviendo a nuestros hermanos y haciendo todo el bien que podamos hacer. En esta vida no estamos para buscar siempre hacer nuestro gusto, sino para hacer la voluntad de Dios.

Pareciera que el que logra hacer su gusto y su capricho es feliz, pero en realidad es mucho más feliz el que logra hacer la voluntad de Dios y cumplir la misión encomendada, sirviendo a sus hermanos más necesitados.

Ser cristiano no es creer que Dios existe, sino creer que Dios me ama con predilección y que me ha encomendado una hermosa misión en esta tierra.

  • Obispo Prelado de Cancún-Chetumal.