CANCÚN, QRoo, 7 de abril de 2019.- Hay una lucha constante para lograr que la igualdad laboral sea una realidad tangible para todas las trabajadoras del país, y las de Quintana Roo no son la excepción.
En la actualidad, se asume que la mujer  goza de los mismos derechos que los hombres, sin embargo, esos derechos al parecer existen, pero solo en el papel.
Hay un texto -sencillito y vinculatorio- en la Ley Federal del Trabajo. Ahí se estipula que “la condición de ser mujer o de madre no es motivo de diferencia alguna en el trato, en la remuneración y en las oportunidades para ingresar a un trabajo, para capacitarse o alcanzar puestos superiores”. 
Pero, todavía en abril de 2019, hay quienes piensan que la maternidad y la ambición son mutuamente excluyentes.
Según investigaciones, se suele tener en el ámbito laboral mayor confianza en los empleados varones que son padres, creando un doble estándar que ha penalizado sistemáticamente a las mujeres durante siglos.
La traumática realidad es que la violencia de género no se encuentra únicamente entre las parejas a nivel físico o psicológico y aunque la ONU diga que el lugar más peligroso para una mujer es su hogar: se trata de un problema cultural y estructural que ha hecho metástasis en todo nuestro entorno y se refleja también dentro de las organizaciones de Quintana Roo.
La gran mayoría de las mujeres en Quintana Roo han compartido historias sobre cómo ellas o sus compañeras han sufrido algún tipo de discriminación por parte de sus compañeros, no se diga otro tipo de hostigamiento.
De hecho, 26.6 por ciento de las mujeres que trabajan o trabajaron alguna vez, han sufrido algún acto violento, principalmente de tipo sexual y de discriminación por razones de género o por embarazo, según el INEGI.
El trabajo es el tercer lugar, en cuanto a espacios, donde las mujeres sufren más violencia y su peor enemigo es el silencio.
Es muy fácil decir “debe denunciar cualquier injusticia”, pero, ¿Cómo le hace una mujer cuando su trabajo depende de permanecer callada?, ¿Cómo le haces si existen hijos que necesitan su salario para comer? 
En un mundo donde la feminización de la precariedad y la pobreza es la norma, que las mujeres luchen por sus derechos se vuelve un privilegio.
Problemas como el hostigamiento laboral, la brecha salarial y la falta de políticas organizacionales que permitan equilibrar la vida profesional con el desarrollo personal son el pan de cada día.
Y hasta que los líderes no reconozcan el problema y tomen cartas en el asunto, este sistema cargado de violencia se volverá cada vez más difícil de transitar en la entidad y en el país.
Se necesita voluntad para educar, para crear conciencia e impulsar políticas organizacionales transversales con enfoque de género.
Pero el problema, primero, será cambiar el pensamiento laboral machista.