
Grandes Pymes
En verdad eso de tratar de negar que en Estados Unidos se advirtió de que Otis llegaría con categoría 5 de frente a las costas de Acapulco al menos con 6 horas de anticipación a que comenzara a causar destrozos a nuestro querido puerto guerrerense puede ser un tema que algunos consideren ocioso.
Nada ganaremos, ninguna realidad habrá de cambiar. Los muertos no regresaran a la vida, ni podrá evitarse o aminorar la destrucción causada por el Huracán categoría 5 plus que ha dejado a Acapulco como nunca se le había conocido.
Una primera estimación del costo material del fenómeno puede quedar muy atrás, por lo que decir que 15 mil millones de dólares, es decir, más de 277 mil millones de pesos, es solo una referencia inicial.
Bajamos la guardia; sería estúpido, irresponsable, no reconocerlo. No tomamos las medidas correctas, adecuadas en un estado que cuenta con la mayor tasa de personal en las Unidades Estatales de Protección Civil de todo el país pero que no contaba, hasta el año 2021, con un Programa de Protección Civil ni Planes de Emergencia o de Contingencia. Datos del Inegi.
A las 17:56 horas, el Centro de Huracanes en la Unión Americana avisó que Otis llegaría a ser un huracán categoría 5, aunque nadie en el Puerto fue enterado y menos aún los turistas que nadaban plácidamente en las albercas de sus hoteles o departamentos a pesar de que Otis comenzaba a hacerse sentir.
Iniciaban los vientos superiores a los 100 kilómetros por hora y había en los salones de algunos hoteles brindis y bailongo. Las discotecas no dejaron de divertir, tocar la música para bailar y distribuir los tragos.
Otis pasó como por su casa e hizo lo que quiso.
No se le vio a la Gobernadora horas después del paso del Huracán aunque el gobernador alterno (el papá de la titular del Poder Ejecutivo Estatal, Félix Salgado Macedonio) presumía que no había daños mayores en el puerto y que en su hogar sí había servicio de Internet. Querían desmentir las primeras comunicaciones que pudieron conocerse en el país y en el mundo destacando el destrozo causado por Otis.
Nadie advirtió a la población y los hoteles no estaban preparados para una contingencia de esta naturaleza. Los turistas se refugiaron en baños o en las escaleras durante horas porque así lo recomendaron los enterados y a las primeras horas del día siguiente nadie había que ayudara a nadie.
La población que no entró al deporte de la rapiña injustificada caminaba entre escombros en silencio como reconociendo vivir el inicio de una pesadilla.
¿Qué nos dijo la experiencia, qué nos señaló?
En el país no hay cultura en la protección civil. La Ley señala que es obligación de autoridades estatales y municipales el realizar un Atlas de Riesgo que es una suerte de inventario sobre fenómenos perturbadores a los que puede exponerse un territorio y su población.
Los datos del Inegi más recientes señalan que solo 37 por ciento del país cuenta con la elaboración de su Atlas que debe de ser revisado cada tres años. Guerrero no lo tiene, según afirman los especialistas de la materia.
Hasta finales de 2021, Guerrero contaba con el mayor tasa de personal en las Unidades de Protección Civil u Homólogas pero la entidad, hasta ese año, señala el Inegi, no contaba con programa alguno de Protección Civil ni Planes de Emergencia o de Contingencia.
Fue hasta 2022 que contaron con Programa de Protección Civil pero sin planes de contingencia o emergencia, según datos del Inegi. Curiosamente, sigue siendo Guerrero la entidad con mayor tasa de personal en las Unidades de Protección Civil en el país. Dígame para que sirvieron en la experiencia de la que escribo.
Una política correcta no solo descubre esos riesgos de un territorio o municipio, sino que realiza las obras necesarias para reducir las consecuencias de esos fenómenos naturales o provocados accidental o intencionalmente. Hay presupuestos a los que puede acudir en apoyo de las transformaciones en infraestructura que reduzcan riesgos a la población.
En Acapulco nada se hizo pero además, ante la incapacidad de las autoridades federales, estatales y municipales, el Ejército fue instruido a, digamos, retener la ayuda que la población civil intentó hacer llegar en las primeras horas de la nueva realidad. La orden era que solo el Ejército entregara ese apoyo.
¿Quién podía o puede garantizar que esa ayuda no va a ser utilizada para fines de promoción electoral?
Al momento de escribir estas líneas, recuerdo todo lo mágico que generosamente me tatuó Acapulco en mi niñez y juventud mientras los siervos de la nación eran instruidos a entregar celosamente la ayuda particular, casa por casa, y la que gobiernos y autoridades desorganizadas intentaban entregar bajo la sospecha de que procurarán hacer creer que el Gobierno afín a la 4T local, estatal o la federal están realmente preocupados por la situación de empresas y particulares acapulqueños.
Vendrán promesas de créditos, de generosas acciones para propiciar que la pesadilla pase rápido y que el mal momento quede en el archivo de los malos momentos que da la vida.
Porque Otis puede hacer que el voto popular en 2024 castigue la insolencia y la incapacidad de quienes menospreciaron al huracán que marcó una cicatriz permanente en la historia de nuestro querido Acapulco.
Pudo pasar Otis porque le dejamos la puerta bien abierta, pero el descrédito político, el daño que puede ocasionarle a la 4T, ese sí no se va a permitir.
Otis vota.
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Quadratín Quintana Roo.
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