CANCÚN, QRoo, 8 de marzo de 2020.- Este marzo, las mujeres hemos sido la temática preferida de partidos políticos, instituciones y empresas oportunistas.

Olvidarán que existimos los 11 meses restantes, pero hoy por hoy -piensan- ya cumplieron.

También olvidan que el 8 de marzo no es una celebración, ni una ocasión para regalar “una flor a otra flor”, sino una conmemoración que invita a luchar para que nuestros derechos sean respetados y que la violencia contra las mujeres sea efectivamente combatida.

Además, se está convocando a realizar un paro de actividades el lunes 9 de marzo por 24 horas. Entre otros motivos, como forma de manifestar nuestra rabia por la emergencia nacional que representan 10 feminicidios diarios.

Aunque no existe ningún escenario donde se repare lo que estas muertes causan, la organización colectiva de esta acción demuestra que existe un rechazo creciente a la violencia sistemática y estructural que vivimos las mujeres y que podemos ser mejores.

¿Por qué parar?

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado de las mujeres y la sobreexplotación en el resto de los ámbitos, sostiene al capitalismo global por completo.

Sin embargo, todavía el sueldo de las mujeres es menor aún en el mismo puesto, no estamos presentes en puestos directivos y nuestra voz no es tomada en cuenta en la toma de decisiones.

Existen muchas violencias estructurales y desigualdades sociales que hacen que no todas las mujeres tengamos la misma posibilidad de participar en el paro.

Irónicamente son las mujeres de clases trabajadoras, las más afectadas.

También, hay que decirlo, están las que simplemente no quieren, no le ven la utilidad o se han posicionado en contra.

A favor o en contra, la consigna siempre debe ser no descalificar lo que decidan otras; en cambio, en la medida de lo posible, busquemos un diálogo activo y proselitista.

Más allá del 8/9 de marzo
vivimos en un país donde no hay sosiego para las mujeres. Todos los días encontramos al menos una publicación de una niña o mujer desaparecida, y si tienes la osadía de aparecer viva, se molestan. Cuando algo sí te pasa, gobierno y medios buscan la manera de culparte.
Bajo este contexto, lo que nos queda por hacer, es acompañarnos. Porque la amistad entre mujeres es política. Entre nosotras habrá discusiones, enojos y contradicciones, como en todo, como siempre… pero toca cuidarnos las unas a las otras, con paciencia y empatía.
Por mi parte, el lunes sí saldré a visitar a mis amigas. Una cosa es alejarnos de la lógica binaria de consumo y producción capitalista y, otra, ese rigorismo que nos exige que no hagamos nada, casi ni respirar. De acatarlo, quienes nos prefieren calladas, sumisas y con miedo, estarán cumpliendo su máxima fantasía. Prefiero tomar la oportunidad para disfrutar de la compañía de mis amigas y no hacer nada juntas. Fortaleciendo nuestras redes de apoyo, reflexionado y construyendo comunidad, es como nos plantamos con fuerza ante un estado indolente.

La solidaridad entre mujeres es una apuesta de vida, no una moda conservadora.