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Foto: Quadratín Quintana Roo

Cuarta Transformación: Perfil Ideológico

Cipriano Flores Cruz
 
| 02 de septiembre de 2018 | 13:05
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En una forma elemental pero muy objetiva, se puede decir que una ideología es la acción o conjunto de acciones de un gobierno, de un partido, de un movimiento,  que bajo principios, valores, teorías, conceptos y categorías científicas y sociales, se proponen a interpretar una situación determinada para transformarla. En este sentido, la Cuarta Transformación trae consigo una ideología determinada que la define.

Es fundamental la ubicación ideológica de la Cuarta Transformación a que ha convocado el futuro presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador para no caer en equívocos o asignarles perfiles ideológicos que no tiene o tratar de definirlo desde perspectivas ideológicas propias o en deseos personales.

Desde mi perspectiva, la Cuarta Transformación, abraza, se nutre, de la idiosincrasia del pueblo mexicano y de su enorme deseo de alcanzar su proyecto específico que nace de sus propias entrañas, llamada Revolución Mexicana, así con mayúsculas, AMLO les llama transformaciones.  Esta Revolución es un proceso en constante construcción, primero como Independencia, segundo como laicidad, tercero como justicia. Esta Revolución no trata de resolver el problema del hombre, como la francesa, el problema de una clase como la soviética, sólo quiere resolver el problema de México, el problema de los mexicanos. En este sentido, es única e incomparable.

La Cuarta Transformación trata de alcanzar y concretar los ideales no alcanzadas por estas revoluciones o transformaciones: la independencia nacional de los centros hegemónicos, una sociedad sin privilegios de ninguna clase, una sociedad en donde se modere la opulencia de pocos con  la indigencia de los muchos. Pero además enarbola la lucha de miles de mexicanos  inconformes de la obra inconclusa de la revolución, con minúscula, entre ellos, trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes, intelectuales y organizaciones de la sociedad civil.

Este proceso de lucha del pueblo mexicano, se agrupa en un movimiento plural y de unidad en lo fundamental, para acabar, destruir, un régimen caracterizado por fraudes electorales y de un autoritarismo insultante, por la vía pacífica, por la vía de la lucha cívica. El triunfo electoral del pasado primero de julio se cumplió con la primera etapa de la Cuarta Transformación: acceder al poder político por la vía de la lucha electoral, por lo que se le puede definir como un movimiento cívico que alcanzó su objetivo: alcanzar el poder político, nada más y nada menos.

La segunda etapa de esta Cuarta Transformación es constituirse en gobierno nacional, territorial y poblacionalmente hablando, con un principio básico: gobernar con el pueblo, superando los límites del sistema representativo de gobierno a través del sistema participativo o democracia directa, en un contexto de respeto de las libertades fundamentales, con énfasis en el derecho que tiene cada mexicano de vivir con bienestar y con felicidad. Sociedad libertaria con justicia  básica y feliz es el proyecto  fundamental de esta Cuarta Transformación.

Para alcanzar este proyecto, es menester la realización de un cambio verdadero y profundo de las estructuras y relaciones que permiten la corrupción y el sistema de privilegios. Para lograr esto, no pueden bastar las alternancias electorales, se necesita de verdaderas alternativas sustentadas en la voluntad popular y no en acuerdos y complicidades como las establecidas en los últimos 18 años de los gobiernos de los partidos Acción Nacional y Partido Revolucionario Institucional.

Sólo mediante una verdadera alternativa será posible alcanzar esa sociedad de libertades, de justicia y de felicidad, asimismo, será menester que en el ejercicio de gobierno se instaure un Estado democrático y de derecho; establecimiento de mecanismos y de dispositivos institucionales para acabar con la corrupción y la impunidad; disponer de políticas económicas y de gobernanza para combatir con éxito la desigualdad y la pobreza de millones de mexicanos; todo ello, no será posible sin una nueva ética pública que forme al ciudadano activo en un marco de valores democráticos, cívicos, culturales acordes a la diversidad del pueblo mexicano, sin olvidar que el vivir juntos requiere de valores morales referidos a la solidaridad, soridaridad, cooperación, al respeto a la individualidad de la personas y a sus concepciones sobre el universo externo e interno. Desde luego, en el nuevo gobierno, no sería ético no tratar de cumplir con las promesas de campaña.

Todo lo anterior ha requerido reconocer que los tiempos de México son de adversidades, que han implicado adoptar actitudes de lucha, resistencia, no claudicación, de ímpetos de avance constante, con caídas y levantadas, en constantes recomienzo, con espíritu revolucionario pues, así, hasta la victoria final nos diría Andrés Manuel López Obrador.

Esta victoria final, sólo lo sería, con un México sin pobreza, corrupción, violencia social e institucionalizada, en reconciliación consigo mismo y con los demás, para así recobrar por entero su gloria y su grandeza.

¿De izquierda? ¿Nacionalista? ¿Populista? ¿Reformista? ¿Justicialismo?, o simplemente: izquierda mexicana. No lo puedo afirmar, los regímenes y a los gobernantes se miden por sus resultados y no por sus propósitos, esta es una verdad histórica, desde luego, espero que en esta nueva etapa de nuestra historia patria, desde luego no suficiente en un sexenio,  estemos mejor que ayer y hoy.