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CANCÚN, QRoo, 8 de mayo de 2026.- A los 18 años, Sury Ceballo descubrió lo que significaba ser mamá. Hoy, años después, también aprendió lo que implica convertirse en la principal fortaleza de una hija diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda. Su historia no solo habla de enfermedad, hospitales y tratamientos, sino de amor, sacrificio y una valentía que se construye día a día.
Originaria de Tabasco, Sury llegó a Cancún hace dos años únicamente de visita a casa de la abuela de sus hijos. Lo que parecía una estancia temporal cambió de manera inesperada cuando su pequeña Emily comenzó a presentar los primeros síntomas de una enfermedad que más tarde sería diagnosticada como leucemia linfoblástica aguda. La situación obligó a la familia a permanecer en Quintana Roo para iniciar de inmediato el tratamiento médico de la menor.
“Ser mamá es lo mejor que me ha pasado. Estar ahí para tus hijos es cansado y agotador, pero al final del día sé que todo vale la pena”, comparte con serenidad.
La enfermedad de Emily transformó por completo la rutina familiar. Entre consultas médicas, quimioterapias y cuidados permanentes, Sury ha tenido que separarse en distintas temporadas de su segundo hijo, José Emiliano, de cuatro años, enviándolo nuevamente a Tabasco bajo el cuidado de su madre para poder concentrarse en la salud de Emily.
“Me dolía mucho tenerlo lejos de mí, pero sabía que mi mamá lo iba a cuidar muy bien y le iba a dar el amor que yo en ese momento no podía darle”, recuerda.
Con el paso del tiempo, José Emiliano también aprendió a convivir con la enfermedad de su hermana. A su corta edad entiende los cuidados especiales que requiere Emily y en muchas ocasiones acompaña a su mamá y a la pequeña durante las sesiones de quimioterapia o las visitas al hospital.
“Mi hijo ha aprendido conmigo todos los cuidados que tiene su hermana. Hay veces que cuando nos toca ingresar de urgencia él se queda con una trabajadora social mientras llega algún familiar por él”, cuenta.
A pesar de las dificultades, Sury asegura que nunca ha estado completamente sola. Su madre, su exsuegra, sus abuelos y el equipo de Fundación Aitana se convirtieron en su principal red de apoyo. Para ella, la fundación representa una segunda familia que la ha acompañado desde su llegada a Casa Aitana.
Actualmente trabaja en la propia fundación mientras también se dedica al cuidado de sus hijos. Gracias a ello puede permanecer cerca de Emily prácticamente todo el día y atender cualquier emergencia médica.
“Ha sido un reto muy grande por la edad que tiene, porque es muy demandante. Pero gracias al trabajo que tengo puedo estar cerca de ella siempre”, explica.
Aunque el camino ha sido difícil, Sury reconoce que pedir ayuda psicológica fue fundamental para enfrentar la situación.
“Me costó mucho pedir ayuda, pero lo mejor que les puede pasar es entrar a psicología”, afirma.
Este 10 de mayo será especialmente significativo para ella. Después de momentos en los que tuvo que vivir separada de José Emiliano, ahora tendrá la fortuna de celebrar el Día de las Madres junto a sus dos hijos.
No habrá grandes lujos ni fiestas. Sury solo desea descansar, abrazarlos y seguir luchando a su lado.
Porque en su historia, ser mamá significa resistir, sanar y amar incluso en medio de la adversidad.