SOLIDARIDAD, QRoo, 24 de julio de 2018.- Los asesinatos de los periodistas José Guadalupe Chan Dzib, el 29 de junio pasado, y de Rubén Pat, la mañana de este martes, son muestra palpable de la tensión y amenazas con las que trabajan diariamente los reporteros en Quintana Roo, en específico en el municipio de Solidaridad, con cabecera en Playa del Carmen.
Luego de que la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos informara de varias agresiones a periodistas y confirmara que Rubén Pat fue detenido, amenazado y torturado por policías municipales de Solidaridad, el 25 de junio pasado, por acusar a funcionarios locales que presuntamente estaban ligados con la delincuencia organizada, Jan Jarab, representante de esa Oficina, denunció el riesgo y el temor que enfrentan varios periodistas para ejercer su labor.
El asesinato de Rubén Pat es el octavo en México en lo que va del año, ya que Agustín Silva sigue en calidad de desaparecido desde enero. La cifra casi alcanza la de los 12 periodistas masacrados en 2017 y apenas estamos a mediados de año.
Ante la impunidad del asesinato de José Dzib en Quintana Roo a tres semanas del suceso y ahora el asesinato de Rubén Pat, 12 reporteros locales más han denunciado agresiones por parte de elementos de la Dirección de Seguridad Pública de Solidaridad o de algún funcionario o particular, ante el silencio de la alcaldesa Cristina Torres Gómez.
El 2 de agosto de 2017, la directora del Registro Civil de Solidaridad, Ángeles Celita Tapia Cervantes, agredió a la reportera Perla Martínez, de Canal 10.
“Entré y me encontré a la directora Ángeles Celita Tapia hablando por teléfono, me agredió físicamente tirándome la cámara y rompiéndola, diciéndome que no podía estar aquí, después mandó a dos hombres a sacarme con lujo de violencia”, dijo la comunicadora.
El caso ya turnado a la Fiscalía General del Estado y quedó la denuncia bajo la carpeta de investigación VA/SOL/155/2017.
En tanto, el reportero Carlos Narváez ha sido agredido desde julio de 2009 en distintas ocasiones, una de éstas cuando era reportero del diario local El periódico, así como a Silvia Reyes, coordinadora del Diario de Quintana Roo, en este entonces.
La agresión más reciente a Carlos Narváez fue al salir de su casa a hacer compras cuando, dice, fue detenido por unos policías municipales que le acusaron de acosar a un menor y lo subieron a una patrulla para meterlo a los separos de seguridad pública, donde lo mantuvieron incomunicado por dos horas y ya que no se encontraron pruebas suficientes del presunto delito, lo dejaron libre.
Carlos Narváez, a través de redes sociales, ha denunciado la inseguridad que se vive en Playa del Carmen y previamente había denunciado la agresión contra la reportera Perla Martínez.
Hace unas semanas, Rubén Pat fue levantado por dos policías y golpeado en Seguridad Pública bajo amenaza de que no siguiera publicando notas en contra de los altos mandos.
Asimismo, dos elementos de la Policía Municipal agredieron a Edgar Olivares, mientras cubría el asesinato de un joyero en el mercado Diana Laura Riojas, además de que le borró sus fotos.
A Francisco Romero, lo agredieron también cuando hacía la cobertura de un incendio en la colonia Luis Donaldo Colosio.
El 3 de noviembre de 2016, con el lema “las agresiones no son gajes del oficio”, los reporteros de Playa del Carmen se manifestaron contra los actos violentos e intimidatorios por parte de autoridades e incluso civiles durante los últimos meses.
Los reporteros mandaron un oficio a la Comisión Estatal de Derechos Humanos y exigieron el respeto, autonomía y libertad para ejercer su trabajo “ya que no existen las condiciones en el estado para hacerlo”, decían en la manifestación efectuada en la Plaza 28 de Julio. Han pasado dos años de ello y ahora ya hay dos homicidios y siguen en las mismas.
Por ello, Saraí Santillán, Octavio Martínez, Joel Tzab, Fabiola Cortés, Amir Ibrahim, Carlos Barrios y Eduardo Rascón, por citar algunos, son otros de los reporteros que solicitaron condiciones y garantías para realizar su trabajo y dejar de efectuarlo con temor.