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Foto: Quadratín Quintana Roo

Itinerario Político

Ricardo Aleman
 
| 31 de agosto de 2018 | 12:04
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Durante décadas, la derecha del PAN y las izquierdas –el PC, PSUM, PMT y luego PRD–, cuestionaron con severidad el sometimiento del Poder Legislativo al Ejecutivo.

Diputados y senadores del partido único eran motejados como “paleros del Presidente”, “levantadedos”, “borregos” y “lacayos”, en alusión a que eran un mero apéndice del presidente en turno.

Por eso, una de las luchas históricas de los opositores –del PAN y de las izquierdas–, fue hacer realidad la división de poderes, entendida como la urgencia de convertir al Congreso en un verdadero contrapeso del Ejecutivo.

Eso se logró  en 1997 cuando, por primera vez, el PRI perdió la mayoría absoluta en San Lázaro. Era la primera debacle del PRI y la primera gran victoria de la pluralidad en el Congreso.

Sin embargo, 20 años después, con Morena regresaron al Congreso no sólo el partido único sino “los paleros del presidente”, los “levantadedos”, la “borregada” y los “lacayos”.

Y es que en un testimonio vergonzoso para la democracia mexicana –cuyo video recorre las “benditas redes”–, los diputados de Morena que rindieron protesta, no corearon el Himno Nacional, tampoco el efusivo “¡Mèxico, Mèxico!” de otros tiempos y menos aplaudieron a los ciudadanos, que son los verdaderos mandantes.

No, los diputados de Morena corearon efusivos, sin freno y sin pudor alguno, el estribillo de campaña del presidente López. “¡Es-un-honor-estar-con-Obrador!”

Es decir, a pocos minutos de convertirse en diputados, de manera legal, “los paleros” de Morena enseñaron el cobre. No fueron capaces, siquiera, de guardar las formas. Y es que nunca, ni en los tiempos de mayor autoritarismo del viejo PRI, la Cámara de Diputados había atestiguado un acto de sumisión y abyección, como el de los diputados de Morena, el pasado 29 de agosto.

¿Qué significa el vergonzoso espectáculo de sumisión de diputados y senadores de Morena –que son representantes populares–, al Presidente, que es el jefe del Ejecutivo?

Un mensaje vergonzoso y preocupante. Significa que en el gobierno de López no existirá división de poderes, que la mayoría de diputados estarán sometidos a las ocurrencias y a las gracejadas del Ejecutivo y, sobre todo, que volveremos a los tiempos del absolutismo; de otros López, como López de Santana y López Portillo.

Pero la sumisión del Poder Legislativo es apenas la punta de la madeja de la descomposición que empieza a vivir la democracia mexicana, con la llegada de Morena al poder. ¿Por qué?

Porque si no les importa exhibir de manera pública la sumisión de los diputados de Morena al presidente López, menos les importa el penoso espectáculo del diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien un día sí y otro también aparece alcoholizado. A Calderón lo difamaron por un supuesto alcoholismo. A Muñoz Ledo todos lo solapan.

¿No entienden en Morena –y en el gobierno de López–, que el voto masivo a favor de su causa fue contra todo lo que representaba el viejo PRI; contra todo lo que hoy es Morena?

No llegan y ya enseñan el cobre.

Al tiempo.

Durante décadas, la derecha del PAN y las izquierdas –el PC, PSUM, PMT y luego PRD–, cuestionaron con severidad el sometimiento del Poder Legislativo al Ejecutivo.

Diputados y senadores del partido único eran motejados como “paleros del Presidente”, “levantadedos”, “borregos” y “lacayos”, en alusión a que eran un mero apéndice del presidente en turno.

Por eso, una de las luchas históricas de los opositores –del PAN y de las izquierdas–, fue hacer realidad la división de poderes, entendida como la urgencia de convertir al Congreso en un verdadero contrapeso del Ejecutivo.

Eso se logró  en 1997 cuando, por primera vez, el PRI perdió la mayoría absoluta en San Lázaro. Era la primera debacle del PRI y la primera gran victoria de la pluralidad en el Congreso.

Sin embargo, 20 años después, con Morena regresaron al Congreso no sólo el partido único sino “los paleros del presidente”, los “levantadedos”, la “borregada” y los “lacayos”.

Y es que en un testimonio vergonzoso para la democracia mexicana –cuyo video recorre las “benditas redes”–, los diputados de Morena que rindieron protesta, no corearon el Himno Nacional, tampoco el efusivo “¡Mèxico, Mèxico!” de otros tiempos y menos aplaudieron a los ciudadanos, que son los verdaderos mandantes.

No, los diputados de Morena corearon efusivos, sin freno y sin pudor alguno, el estribillo de campaña del presidente López. “¡Es-un-honor-estar-con-Obrador!”

Es decir, a pocos minutos de convertirse en diputados, de manera legal, “los paleros” de Morena enseñaron el cobre. No fueron capaces, siquiera, de guardar las formas. Y es que nunca, ni en los tiempos de mayor autoritarismo del viejo PRI, la Cámara de Diputados había atestiguado un acto de sumisión y abyección, como el de los diputados de Morena, el pasado 29 de agosto.

¿Qué significa el vergonzoso espectáculo de sumisión de diputados y senadores de Morena –que son representantes populares–, al Presidente, que es el jefe del Ejecutivo?

Un mensaje vergonzoso y preocupante. Significa que en el gobierno de López no existirá división de poderes, que la mayoría de diputados estarán sometidos a las ocurrencias y a las gracejadas del Ejecutivo y, sobre todo, que volveremos a los tiempos del absolutismo; de otros López, como López de Santana y López Portillo.

Pero la sumisión del Poder Legislativo es apenas la punta de la madeja de la descomposición que empieza a vivir la democracia mexicana, con la llegada de Morena al poder. ¿Por qué?

Porque si no les importa exhibir de manera pública la sumisión de los diputados de Morena al presidente López, menos les importa el penoso espectáculo del diputado Porfirio Muñoz Ledo, quien un día sí y otro también aparece alcoholizado. A Calderón lo difamaron por un supuesto alcoholismo. A Muñoz Ledo todos lo solapan.

¿No entienden en Morena –y en el gobierno de López–, que el voto masivo a favor de su causa fue contra todo lo que representaba el viejo PRI; contra todo lo que hoy es Morena?

No llegan y ya enseñan el cobre.

Al tiempo.