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Libros de ayer y hoy

Teresa Gil
 
| 01 de septiembre de 2018 | 10:30
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EL ÚLTIMO Y NOS VAMOS

El sexto informe de gobierno deberá estar en poder del Congreso en la fecha representativa, en tanto que al tercer día y ante invitados especiales el aún presidente del país Enrique Peña Neto, abordará el bagaje informativo de lo que considera sus logros. Si el poder ejecutivo informa permanentemente de sus funciones y hace una campaña aparatosa y cara cuando se acerca el primero de septiembre, ¿que objeto tiene el informe presidencial? El acto de informar sobre ciertos o presuntos logros en un día determinado que ya no tiene tanto sentido por el cambio en la ley, los medios de información y la preponderancia de las redes, fue en el pasado la fecha del ensalzamiento de una figura, el endiosamiento enfermizo que se creó en torno del presidente y el ninguneo de los otros dos poderes. En el día de la instalación del Congreso de la Unión, de los representantes del pueblo, la figura enaltecida y vista con adoración era la del jefe del ejecutivo. Los robos de la presidencia -el de Carlos Salinas y el de Felipe Calderón-, pusieron en su sitio a los detentadores del poder ejecutivo; el informe tomó un sitio diferente, el titular de la presidencia tuvo que buscar cauces más aprobatorios entre su gente y alejarse de las muchas críticas que el informe acarreaba, desalojos, insultos y pedradas incluidas. De aquel primer informe de Guadalupe Victoria en 1824 que se institucionalizó de diversas maneras a lo largo de la historia, con anécdotas de todo tipo y cambios constitucionales -como el del artículo 69 en 2008 que eliminó la obligación del presidente de asistir a la tribuna del Congreso-, terminó dando al traste con aquel sacrosanto y afrentoso día del presidente como se llamaba al primero de septiembre. Día en que paradójicamente el que tomaba posesión era precisamente el Congreso.

INFORMES ABURRIDOS QUE NO COINCIDEN CON LA REALIDAD. ENTELEQUIAS.
El nuevo gobierno debería dar un cambio fundamental en la manera de informar a la población. La información debe ser sencilla, cotidiana y accesible. Pascual Ortiz Rubio cambió la fecha del informe al primero de septiembre en 1930 y él fue el primero en darlo. Le puso la alfombra a Abelardo L. Rodríguez para que se echara el informe más largo de la historia ¡7 horas con 35 minutos! Antes, Porfirio Díaz no se anduvo por las ramas como comprobado dictador que era: se echó ¡61 informes!, pero en el nuevo milenio Fox y Calderón no se pudieron dar ese gusto. Los enormes mamotretos circulaban por todas partes desde que uno tenía uso de razón y los vocingleros recalcaban los logros -mientras el pueblo se empobrecía más-, y las elites se iban después- damas con trajes de diseñador- a festejar en privado. El pueblo ni siquiera leía esos informes; los oía en la radio o los veía en la televisión por el recalque persistente de los medios, pero se quedaba en babia, igual que antes ¿Para que tanta palabrería si seguimos igual de miserables?, se preguntaba.

ÚLTIMO INFORME, ANTESALA DEL ADIOS Y EL CAMINO AL ¡OLVIDO O… A LA LEY!
Triste, desolador, pero extraordinario, es el libro Los días de tu vida (Unión de Escritores y Artistas de Cuba 1977) del gran poeta cubano Eliseo Diego en el que va marcando la despedida crucial de la existencia, hasta llegar al testamento final. El les deja a los demás, “el tiempo, todo el tiempo”, pero ¿que le dejan a un país los gobernantes que ejercieron el poder a destajo y se van dejando una huella, una secuela de desdichas? Quizá quedarán como el título de un libro de cuentos del propio Diego, En las oscuras manos del olvido. Y como en uno de sus poemas, “ni un soplo habrá que les enfoque la risa, el buenas tardes, el adiós” El cubano toma el título del primer libro mencionado, de un dialogo que escuchó el Quijote cuando dos jovencitos se peleaban al parecer por una mujer, “no te canses Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tu vida” -decía uno de ellos. Como un símil que impactó al poeta, el libro recoge las imágenes de El Quijote y de Sancho Panza en la portada. Poeta, escritor, maestro, pedagogo, Diego fue un hombre de larga trayectoria, padre también del escritor que hizo carrera en México, Eliseo Alberto. Estuve en su casa una vez en la Habana, allá por 1983 y era un hombre tierno, callado, taciturno. Uno de los más grandes poetas de lengua castellana, decía de él, Gabriel García Márquez. La FIL lo premió por su literatura en lenguas romances. Pero tuvo muchos premios y en 1993 se vino a vivir a México y dio clases de literatura en la UNAM. Murió un año después en marzo de 1994. Aquí, la brevedad de uno de sus poemas,

CAÍDA
Por el café hacia dentro
entre manteles
botellas y
delicias, raudo,
de si, en si mismo
si,
¡precipitándose al olvido!