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Libros de Ayer y hoy

Teresa Gil
 
| 19 de septiembre de 2018 | 8:24
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                                            El cambio y las veleidades de la crítica

Las posibilidades de un cambio han creado una explosión en el país, que se concentra básicamente en la crítica. Para bien o para mal. En los más de dos meses y medio que ocurrió el triunfo de Morena, las voces se han multiplicado tanto a partir de la crítica que uno piensa que si ese accionar verbal o por escrito se pusiera al servicio de la actividad y la práctica, el cambio real ya tendría que haber comenzado. Ver los toros desde la barrera también tiene su chiste, si la crítica pone el énfasis que  puede poner al accionar foucaultiano, aquel que dice que si la crítica suspende el juicio, es que algo debe seguir, en este caso una propuesta nueva. Si las miles de voces se unifican y en lugar de criticar al “chivo expiatorio”, de AMLO, lo diseccionan con inteligencia y lo revierten con algo nuevo, las cosas avanzarían más (esto también es una crítica). La pasividad del que está expectante no lo es tal, puesto que a continuación de cada paso que se da en este nuevo proyecto, viene una explosión de críticas por lo general  no positivas. Funciona en esos casos, lo acertado, la intención de corregir, el elogio, la ignorancia sobre el asunto, la arrogancia del que cree saber más, la diatriba, el insulto y la torpeza, entre muchos calificativos. Los que analizan la crítica común- y no me refiero a los grandes desde los griegos, a Marx, Kant y más recientes a Benjamín, Foucault, etcétera, etcétera-, incluyen en la misma la reprobación,  los ataques, la censura, lo infundado, las palabras denigrantes, los insultos. Podría aceptarse esa calidad de la crítica ya que al desprenderse de la palabra crisis, demuestra que el país  y sus agobiados habitantes están en crisis. La crítica es una forma de expresión que como dicen esos clásicos, implica la urgencia de un cambio, la gente no quiere lo que hay, quiere algo nuevo que lo revivifique.

¿HAY RAZON PURA EN LAS CRÍTICAS?

No me estoy volviendo kantiana, simplemente vale la pregunta si al que se critica es al que fue elegido para hacer el cambio únicamente o se pone el énfasis en lo que devastó al país. Lo que quedó atrás no se ha sepultado, subyace en muchas cosas y aparece a menudo -lo ha hecho permanentemente en este tiempo después del primero de julio- con la misma arrogancia de siempre, como si siguieran en la misma cúspide del poder. Y sus vocingleros y afines medran en las redes para denigrar a través de juicios sucios y frases despectivas. Es el despecho del perdedor. Y lo hacen los que tienen otros intereses políticos y encubren su posición a través de la crítica. También está presente en algunas actitudes de los futuros funcionarios y los apostadores del cambio, porque lo vivido no se extirpa de la noche a la mañana. Es ahí cuando la critica suspende el juicio y puede paralizar las cosas, si no hay propuestas. Está también la inercia, la ausencia de esperanzas en ciertos sectores, la futilidad de una vida que fue cercenada de muchas maneras. Es comprensible entonces, que los medios de comunicación le dediquen más espacio y tiempo a una desahuciada, a una presunta delincuente como Rosario Robles o a la broma de los corazoncitos, que a lo verdadero importante de nuestra situación.

JUAN JOSÉ ARREOLA EN SU CENTENARIO: AVES DE RAPIÑA EN SU BESTIARIO

Veintitrés bestias enumeró y describió, con su estilo cáustico, a veces desolado y excéptico, pero poético, el escritor jaliscience Juan José Arreola, que el 21 de septiembre cumple cien años de haber venido al mundo, del que se retiró  el 3 de diciembre de 2001. Se le dijo que muchas de las enumeradas  no pueden ser consideradas bestias como las aves acuáticas, algunos bellos insectos, los asolados siervos y otros, pero el quizá consideró la defensa bestial que todo animal tiene como lo hizo Esopo, cuando da vida a través de ellos, a las actitudes del ser humano. Como Aves derapiña( Bestiario, Planeta, Joaquín Mortiz, Conaculta, 2002, página 16 y 17) considera halcones, águilas y buitres, acerca de los cuales discurre metafóricamente y los vincula a frailes silenciosos, o como entes que “disputan sin cesar en la jaula por su prestigio de su común estirpe carnicera”. Arreola, a quien se dará un homenaje por su obra y su vida tan diversa en oficios y su forma de ser, recorrió el largo camino de las ocupaciones, hasta llegar a la edición, a la escritura, a la poesía, a maestro tallerista, a creador de revistas, etcétera. Escribió obras de teatro, cuentos, una novela La feria y ensayos. Lo recuerdo en un programa de Televisa  en el que la torpeza de la baladista Thalía, le ponía el rostro triste y desolado. Escuchó las tonterías de la mujer, pero nada dijo. El calló -con todo lo buen conversador que era-, y otorgó, por comprensión. El último párrafo de Aves de rapiña, es un  símil adecuado a los que hoy, aún trepados en  el poder, se ostentan públicamente, y apoyados de las acerbas  criticas de sus seguidores, quieren nublar la esperanza de un pueblo:

“Fieles al espíritu de la aristocracia dogmática, los rapaces observan hasta la última degradación su protocolo de corral. En el escalafón de las perchas nocturnas, cada quien ocupa su sitio por rigurosa jerarquía. Y los grandes de arriba, ofenden sucesivamente el timbre de los de abajo”