Niños extraviados por Trump y la niñez abandonada en México

Mil quinientos niños están extraviados por culpa de la política perniciosa que Donald Trump tiene contra los migrantes. Nadie de los padres o tutores a quienes se encomendó esos niños, contesta cuando se les convoca dice el medio oficial gringo, y en esa actitud se cifra la esperanza de que muchos de esos niños estén a buen resguardo con sus propios familiares, que los esconden y hacen lo mismo con sus personas, para no exponerse a la política agresiva y discriminatoria del presidente de Estados Unidos. En México la situación no es muy diferente y quizá más grave: miles de infantes y adolescentes han desaparecido sin que se sepan sus rastros. Ya en 2014 la Fundación Nacional de Investigaciones de Niños Robados o Desaparecidos señaló ( Sinembargo junio de 2014) la cifra de 45 mil niños cuyo rastro se ignoraba y en ese solo año ya la cifra se elevaba a más de 3 mil. La crisis que cubre al mundo se ha ensañado en una de las partes más débiles y sensibles, los niños. UNICEF calcula en un millón 200 mil los niños desaparecidos anualmente en ese mundo ¿En donde están esos niños? Los propios organismos mencionan adopciones ilegales, explotación sexual y utilización de cuerpos para extraer órganos. Un mundo de horror. En México los niños son sustraídos a veces por familiares en pugna, pero por lo general son bandas de delincuentes especializadas en robos de menores las que han desarrollado las tácticas mas diversas para hacerse de los infantes. Esta actividad representa el tercer bloque criminal más productivo después del tráfico de armas y el narcotráfico. Por otro lado, hay otras situaciones en las que los niños son los más afectados. En estos días el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte que si la cuarta parte de la población mundial vive en pobreza, la mitad de ésta son niños, o sea alrededor de mil millones de niños -¿cuantos serán mexicanos-, viven pobreza o en pobreza extrema. Otro horror.

AQUEL NIÑO PERDIDO QUE ATRAVESÓ LA CIUDAD

Las ciudades guardan en sus profundas historias, las huellas que involucran a niños extraviados. Quizá las nuevas generaciones no saben que el Eje Central Lázaro Cárdenas se llamó alguna vez Avenida Niño Perdido. Parecía un absurdo, como el nombre de muchas calles, pero hay varias explicaciones de esa denominación. Una, que en su recorrido se hallaba una capilla construida por allá en XVII – que a lo mejor era un edificio artístico, pero que ahora con el modernismo se levantan por ahí unas bodegas y una gasolinera-, situada a la altura de doctor Pascua y que en esa capilla se adoraba al niño bíblico perdido, en recuerdo del extravío de Jesús en su infancia que fue hallado dando cátedra a los doctores del templo, de la época. Otra leyenda de un siglo anterior remite al caso del escultor italiano Enrique de Verona, quien casado con una capitalina perdió a su hijo al parecer sustraído -y recuperado-, por un pretendiente despechado de la mujer. Otras historias dan viveza a esa avenida que desapareció con los ejes viales y dejó solo su nombre a una colonia. El nuevo nombre que ostenta ese eje que es la avenida central de la gran ciudad, es el más apropiado para un gran hombre, Cárdenas.

SE HA PERDIDO UNA NIÑA
Ya he mencionado en otra ocasión la bella historia de las niña Zoya, que se extravió ella misma “me he perdido adrede” en un mundo de fantasía en el que corrió muchas y alegres aventuras. Muy diferente ese mundo de novela, al que viven miles de niños en el mundo, pero es bueno buscar el lado maravilloso de la literatura para distraer de las agresiones que deja un entorno oscuro y advertir a los infantes del cuidado personal que deben tener y a la sociedad, de la urgencia de que se involucre en un problema que atañe a todos: sus propios niños. Se ha extraviado una niña (Galina Demikina, editorial Progreso Moscú 1977), es la historia de Zoya, una niña singular que dibuja los personajes más llamativos y multicolores, en recuerdo de un tío, el pintor Tadeusz, cuyo hermoso cuadro que solo adorna de manera egoísta el cuarto de mamá, es el detonante de su desaparición ( ¿a que Tadeusz se refiere Demikina, a los pintores polacos Tadeusz Kuntze, Tadeusz Ajdukiewicz o al pintor y también director de teatro Tadeusz Kantor?) La niña se pierde en ese cuadro e involucra a todos los personajes de su tío para descubrir un mundo en donde todos los días tienen un color diferente ( ese día amarillo no se lo recomiendo a AMLO; es el más terrible) y los personajes son seres que respiran de acuerdo al color y solo viven en torno de una flor, la llamada Flor Blanca a la que adoran. Zoya se pierde en un sueño sugestivo de la autora, la rusa Demikina o simplemente porque le dio la gana y al final resurge, ante una mamá y una tía preocupadas, pensando siempre en sus dibujos y advirtiendo que quizá pronto o algún día, volverá a desaparecer en el mundo fantástico de sus pinturas.