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Necesario que México eleve seguridad en fronteras

Javier Salinas Narváez/Doctor en Administración Pública
 
| 14 de mayo de 2018 | 8:50
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Mayor seguridad fronteriza protege la integridad física, moral y económica de ciudadanos y empresas nacionales

Les deseo una excelente semana, [email protected] de Quadratín!

Seguridad Fronteriza será otro de los temas a tratar en el segundo debate de los candidatos a la Presidencia de la República.

El tema es poco discutido en nuestro país, una suerte de tabú, dada su dicotomía: por un lado, una política blanda (humanitaria) de seguridad ha redundado en una migración sin freno por nuestra frontera sur; empero, por el otro lado, una política estricta implicaría limitar los accesos en dicha frontera en aras de la seguridad nacional, con el consecuente costo político internacional.

Una frontera es una herramienta reguladora que sirve como elemento para promover la seguridad, pues contribuye a proteger la integridad física, moral y económica de los ciudadanos y empresas nacionales; la sanidad de plantas y animales; y el patrimonio nacional protegido, entre otros.

La frontera permite recaudar contribuciones, lo que sirve para adaptar las cargas tributarias de las mercancías entrantes y para buscar un marco de competencia equilibrado en el mercado interior.

También facilita llevar un registro de las personas, productos y capitales que entran y salen lícitamente del país a fin de facilitar su mejor gestión.

Las actuaciones en control de fronteras son más necesarias mientras mayor sea la diferencia socio-económica y menor la interrelación entre las administraciones de ambos lados de la frontera, situación que se presenta en ambos límites de nuestro país.

Al norte, está la frontera del país más rico del mundo, quien suele tratar al gobierno mexicano con  desprecio; al sur, colindamos con algunos de los países más empobrecidos del continente, a quienes nuestro gobierno trata con el mismo desprecio con el que nos tratan los norteamericanos.

Sin embargo, ambas zonas limítrofes son gravemente porosas. De los Estados Unidos nos llega una cantidad inconmensurable de armas para los miembros de la delincuencia organizada; de Guatemala y Belice nos llegan drogas y migrantes. Ni en uno ni en otro caso nuestras autoridades actúan con la debida diligencia para proteger nuestro país.

Es ineludible elevar los niveles de seguridad fronteriza mediante un mayor control sobre los tránsitos internacionales, pese al costo político que implique.

Los migrantes que transitan por nuestro país son explotados por la delincuencia organizada y por las burocracias. En 2011, la vergüenza mundial por las matanzas de migrantes llegó a tal grado que se expidió una Ley Migratoria, derogando de la Ley General de Población las disposiciones en la materia, sólo para darle la vuelta a un problema que no hemos podido ni querido resolver.

Una mayor seguridad fronteriza, por sí misma, no va a disuadir a familias y niños migrantes de acceder a nuestro territorio para transitar hacia Estados Unidos, por lo que es imprescindible promover el desarrollo social y económico de nuestras fronteras, especialmente en el sur, como parte de la política de seguridad.

Asimismo, debemos comprometernos con el desarrollo económico y social de los países hermanos centroamericanos, para lo que se requiere redefinir la relación estratégica con los Estados Unidos con un enfoque integral desarrollado a partir de nuestra dependencia mutua y vecindad geográfica, y priorizando los intereses nacionales.

En este sentido, es necesario:

  • Promover un nuevo programa de cooperación en materia de seguridad entre México y los Estados Unidos de América, bajo el enfoque de seguridad ciudadana y reducción de la violencia, que trate con la misma importancia los tráficos ilícitos de ambos lados de la frontera (estupefacientes hacia Estados Unidos, armas de Estados Unidos hacia México).
  • Consolidar y fortalecer los programas de cooperación internacional y coordinación inter-agencial para enfrentar las diversas modalidades de delincuencia organizada y redes ilícitas transnacionales, a partir de los principios de responsabilidad compartida y solidaridad.
  • Impulsar, a nivel internacional, el debate sobre las políticas de drogas y el cambio de paradigma del prohibicionismo a la reducción de daños y riesgos.

El desarrollo requiere de seguridad y viceversa. La seguridad proporciona confianza y la confianza atrae inversiones, evita la salida de riqueza y retiene a las personas con talento. El desarrollo reduce la pobreza y favorece el orden social, eliminando refugios que alimentan ciertos tipos de delincuencia.

Por eso, los estados tienen la responsabilidad primordial de ofrecer desarrollo, seguridad, justicia y buen gobierno a sus ciudadanos.