OTHÓN P. BLANCO, Qroo, 25 de octubre de 2018.- “Venimos por hambre”, ” Viva Guatemala”, “Sí podemos”, son tres de las muchas consignas que dicen integrantes de la segunda caravana que pretende cruzar hacia México por la frontera de Quintana Roo.

Poco a poco se han ido juntando centroamericanos, en su mayoría hondureños en los perímetros de acceso con Belice, ante la mirada sigilosa de militares y marinos que resguardan la zona fronteriza.

Representantes del Instituto de Migración y de organizaciones de derechos humanos intentan convencer a los contingentes que están casi desbordados que el ingreso será pacífico y legal, pero son demasiados ciudadanos y demasiadas voces, llantos suplicantes de madres de familia con niños deshidratados en sus brazos, de hombres sudados y de pieles quemadas por el sol con una sola consigna: entrar a México, a través de Quintana Roo y unirse al primer contingente rumbo a Estados Unidos.

“No nos vamos a quedar en Quintana Roo, vamos a Estados Unidos, venimos por hambre”, dicen una y otra vez tensando más el ambiente.

Se dice que polleros beliceños están cobrando 500 pesos por ingresar a las familias por la selva de su país.

En la zona franca de Belice o Santa Elena, a escasos metros de la frontera mexicana de Subteniente López, algunos establecimientos han cerrado cortinas ante la llegada de migrantes y una inminente y abrupta entrada a México.

Este poblado es el principal punto fronterizo entre México y Belice, localizado en la Ribera del Río Hondo, a 12 kilómetros de la capital quintanarroense de Chetumal, donde actualmente se realiza la segunda jornada del Mundial Femenil de Voleibol de Playa.

En Chetumal ya se comienzan a observar familias de migrantes que caminan e intentan pasar desapercibidos, son aquellos que cruzaron los polleros y son vistos por chetumaleños, pero no son molestados y son ignorados en apariencia, en una clara y callada solidaridad.