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Foto: Especial

Uso de Razón

Pablo Hiriart
 
| 17 de agosto de 2018 | 5:00
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                Graves ocurrencias en seguridad
                El principal problema del país, la inseguridad, podría agudizarse el próximo año debido a las ocurrencias del nuevo equipo gobernante que manda señales de no tener idea de la materia.
                Sin duda les anima la mejor de las intenciones, pero cualquiera con sentido común se pone nervioso con los bandazos que dan en esa área tan sensible.
                El discurso del candidato López Obrador se centró en atender problemas sociales que según él llevan a personas a delinquir (matar, secuestrar, torturar), lo que es un loable anhelo a mediano y a largo plazo.
                Sin embargo, el aquí y el ahora lo cimentó en la creación de una Guardia Nacional de 400 mil integrantes, compuesta por policías federales, militares y marinos.
                Anteayer miércoles el próximo secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, dijo que siempre no. Que ya no habrá esa Guardia Nacional.
                En su lugar, dijo, los esfuerzos del nuevo gobierno en materia de seguridad y combate al crimen organizado se enfocarán en mejorar la coordinación entre las corporaciones policiacas y elementos de las Fuerzas Armadas.
                O sea, lo mismo que hizo Peña Nieto y Felipe Calderón.
                ¿Dónde está el cambio?
                No hay tal. Es más de lo mismo. O peor.
                Peor por un agravante, expuesto el miércoles por el propio Durazo:
                “En la nueva estrategia de combate al crimen que se pondrá en marcha, no se continuará con la captura de los llamados objetivos prioritarios, ya que su aprehensión no ha derivado en la reducción de la violencia”
                ¿Cómo es posible que ya no se vaya a perseguir a los grandes criminales?
                De acuerdo con lo expuesto por Alfonso Durazo fue un error capturar al Z-40, responsable de las matanzas en San Fernando, Tamaulipas, donde ejecutaron y enterraron en fosas a setenta y dos migrantes centroamericanos.
                Hace unos días, afortunadamente, se dio la captura de El Sexto, Juan Pablo Ledezma, líder de la Línea, quien fue el responsable de la matanza de jóvenes en Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez.
                Si se tarda unos meses la policía en dar con ese multi homicida de jóvenes, El Sexto la habría librado con el nuevo gobierno: no sería perseguido.
                De acuerdo con lo expresado por el próximo secretario de Seguridad Pública, no debieron gastarse recursos en detener a Servando Gómez Martínez, La Tuta, cabecilla criminal de los Caballeros Templarios que destazaban cuerpos y subían los videos a redes, extorsionaban a medio Michoacán, secuestraban y asesinaron y quemaron a un grupo de agentes federales que tenían esposas, hijos, hijas…
                ¿Qué dice el futuro secretario Alfonso Durazo?
                Dice que “no se continuará con la captura de los llamados objetivos prioritarios, ya que su aprehensión no ha derivado en la reducción de la violencia”.
                ¿Entonces, secretario Durazo?
¿Fue un error abatir a Arturo Beltrán Leyva, que colgaba a sus víctimas en los puentes de Cuernavaca y prohijó a bandidos como los que ahora están en Los Rojos y Guerreros Unidos?
                ¿No se debió perseguir a Heriberto Lazcano, El Lazca, jefe militar del sanguinario grupo de los Zetas?
                ¿Ningún valor tiene haber reducido a los Zetas a un cártel acotado, luego de que dominara el Gofo y Centroamérica?
                ¿Fue un error capturar al Chapo?
¿Debió dejarse en paz a Vicente Carrillo Fuentes, hermano de El Señor de los Cielos, detenido y extraditado a Estados Unidos donde mató a nueve agentes de ese país?
Después de esas declaraciones del próximo secretario de Seguridad Pública de México, en algún lugar del Pacífico, El Mencho, líder del cartel criminal Jalisco Nueva Generación, descorchó champaña y cuenta las horas para que asuma el nuevo gobierno.
Quedarán impunes sus emboscadas y asesinatos de militares en Jalisco y en Colima.
Se va a poner énfasis, dijo Durazo, en la persecución del dinero de los narcotraficantes. Excelente. Eso lo han tratado de hacer las dos últimas administraciones, sin mayores éxitos.
Hasta donde sabemos, al Chapo Guzmán los estadounidenses no le han encontrado un solo dólar.
 Ojalá a Durazo le vaya bien, pero esa estrategia de perseguir el dinero no excluye la otra, de detener a los homicidas, secuestradores y extorsionadores.
Muy peligrosos esos bandazos en seguridad. Es señal de que no saben qué hacer.
Aunque ya se veía venir algo así, al pasar nuestro presidente electo de la estrategia de “tolerancia cero” en su gobierno en el DF (trajo a Giuliani), a la de “amnistía” como presidente de la República.