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Foto: Especial

USO DE RAZÓN

Pablo Hiriart
 
| 17 de octubre de 2018 | 15:37
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El asalto de Napito al sindicato petrolero

Para el próximo presidente de la República es indispensable que en los sindicatos se elija a sus dirigentes por voto individual y secreto, “en especial para los trabajadores petroleros. Ya se termina el voto a mano alzada”.
Curioso, cuando menos, en el caso de quien siempre ha tomado decisiones a mano alzada en el Zócalo.

Sorprende en quien elige de manera personal a los candidatos de su partido, y a los que no, los mete en una tómbola para que los cargos sean rifados.
¿Qué debemos entender por esa democracia sindical, entonces?
La democracia sindical que persigue es poner a quien él quiera al frente de las organizaciones de trabajadores.

Y en el caso concreto del sindicato petrolero, ese personaje al que quieren imponer tiene nombres y apellidos: Arturo Flores Contreras, de la sección Uno, con sede en Ciudad Madero (¿les suena, Ciudad Madero?

El punto es que es impulsado por el nuevo prócer del sindicalismo libre mexicano, Napoleón Gómez Urrutia, Napito, quien nunca trabajó en una mina y pasó de la Casa de Moneda a dirigir el sindicato minero que heredó de su padre.
El problema del candidato de Napito en el sindicato de Pemex, Arturo Flores Contreras, es que no trabaja en Pemex.

Su mentor y amarrador de navajas, Gómez Urrutia, ya le demostró que no es necesario trabajar en un lugar para asumir la representación de los obreros y empleados.

A Flores Contreras lo corrieron de Pemex hace tres años y medio por falsear enfermedades para ausentarse de su trabajo.

Por el caso, el médico que le autorizaba las simulaciones, Vladimir Hernández Rodríguez, fue suspendido un año.

Esa es la breve historia de los que quieren tomar, en nombre de la Cuarta Transformación, el timón del sindicato de Pemex sin tener representatividad alguna.

Y ahí está el trasfondo del súbito desplante democrático del presidente electo que decide, por la voluntad de su índice, o el azar de una tómbola, quiénes deben ser los candidatos de su partido.

La pregunta que viene al caso, es ¿qué tiene que hacer el gobierno en la vida interna de los sindicatos?

Se quieren meter al SNTE y al Sindicato Petrolero porque sus dirigentes no son del partido del presidente. Y eso no tiene nada de democrático, sino que es exactamente lo contrario.

“Democracia es poner a quien yo quiera”, es el mensaje.
Que el gobierno decida cómo deben elegirse las dirigencias sindicales es un absurdo. No tiene ninguna competencia.

Es tan irracional como si un líder sindical exigiera que el presidente someta a votación universal y secreta el nombramiento de su gabinete. Sería deseable, pero no es de su competencia.

Lo mismo pasa con la elección de los dirigentes sindicales: es cuestión de sus agremiados, de sus estatutos, no del gobierno. Y mucho menos si el gobierno es su patrón.

Dos apuntes finales. Si el próximo gobierno quiere desestabilizar políticamente al país, que desestabilice al SNTE.

Si el próximo gobierno quiere desestabilizar la economía, que desestabilice al sindicato petrolero.

Hay gasolina almacenada para un día y medio.

Aviso: por vacaciones, esta columna dejará de aparecer unos días y regresa el martes 30 de este mes.