CANCÚN, QRoo, 16 de septiembre de 2018.- El miedo como condición generalizada de la sociedad, debería ser considerado como uno de los principales indicadores clave sobre el grado de desarrollo democrático e institucional, afirma Mario Luis Fuentes, de la Organización México Social.

En un análisis sobre esta sensación de angustia, destaca que si la ciudadanía vive azorada “esto no puede ser resultado, sino de la inacción de los poderes públicos y de la amenaza permanente de la delincuencia”.

“En un estado en el que la vida y la integridad física se encuentran permanentemente amenazadas y en donde el patrimonio es afectado de manera constante, debido al despojo que de él hacen los delincuentes, es donde las libertades y la ley no están debidamente protegidos y en donde existe todo, menos autoridad capaz de ejercer el poder público que le es conferido para regular las relaciones sociales”.

En el caso de Cancún, principal destino turístico de México, suman ya unos 400 muertos por violencia en este año, entre ellos tres periodistas, y hasta el momento la Fiscalía General del Estado, aunque ha hecho algunas detenciones, no ha dado resultados contundentes de cara la ciudadanía.

El especialista detalla en su estudio que “en México, dos de cada tres personas consideran que las ciudades en que viven son inseguras, pero esto significa que viven con miedo y con altos niveles de estrés”.

Según una Encuesta Nacional de Hogares, al menos 30 millones de personas se han sentido deprimidas, pero menos de cinco por ciento ha tenido un diagnóstico médico y un tratamiento adecuado, cita Mario Luis Fuentes en su artículo.

“La situación ha llegado a tal grado que dos de cada tres personas mayores de 18 años de edad han modificado sus rutinas cotidianas con motivo de la delincuencia, 52 por ciento ha dejado de caminar por la noche en las calles, 33.4 por ciento ha dejado de visitar a parientes o amigos, mientras que 54.3 por ciento ha dejado de permitir que las niñas, niños y adolescentes salgan a las calles”, argumenta.

En Cancún, por ejemplo, ciudadanos, empresarios y organizaciones civiles han confirmado y optado por el encierro voluntario, ante la violencia y los asesinatos registrados en plazas comerciales, vía pública, transportes públicos, fraccionamientos, bares y restaurantes, playas, colonias, tiendas de conveniencia, supermercados y hasta afuera de escuelas, en una espiral que se ha recrudecido en dos años y que no para.

“Literalmente, nos estamos permitiendo convertirnos en una sociedad sitiada: hay regiones y localidades en donde existen de facto toques de queda no impuestos por la autoridad sino por la delincuencia. Y hay también zonas rurales en las que no es posible transitar sin el temor de ser extorsionados o amedrentados por los grupos criminales que controlan y patrullan carreteras intermunicipales y caminos rurales.

“Tener un negocio es hoy motivo de preocupación cuádruple: cómo hacer para que prospere y genere ingresos suficientes para vivir; cómo evitar ser víctimas de robo, con o sin violencia; cómo evitar ser víctimas de extorsión o cobro de derecho de piso por parte de la delincuencia organizada, y cómo sobrevivir a la permanente corrupción y sobrerregulación local”, indica Mario Luis Fuentes.

Lamentablemente, en ese contexto vive Quintana Roo: han aumentado los asaltos a casas habitación, a negocios y las extorsiones de grupos o bandas criminales, incluso, alcanza hasta a vendedores ambulantes.

La situación que señala México Social prevalece más en la zona norte de Quintana Roo, dónde se asientan los municipios de mayor nivel afluencia turística, aunque en la zona centro y sur, incluso, se han comenzado a realizar secuestros a gente que tiene negocios familiares con años de trabajo.

“Por todos lados se escuchan historias de terror y desesperanza, por ejemplo, hay lugares en donde la tradición familiar consiste en heredar los pequeños y medianos negocios a sus hijos. Hoy, sin embargo, se evita crecer o heredar en vida, por el temor de que sean los hijos quienes sean secuestrados o víctimas de atentados, para solicitar cobro de rescate o enfrentar la extorsión cotidiana”, menciona el especialista.

Por ello sugiere convertir el miedo en una de las variables centrales de las mediciones o estudios del bienestar y la seguridad pública; “pues en ese sentimiento se sintetiza el complejo escenario de inseguridad, violencia y literalmente terror que se vive en amplias franjas del territorio nacional”.