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Foto: Especial

ITINERARIO POLÍTICO

Ricardo Aleman
 
| 23 de octubre de 2018 | 15:01
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¿QUIÉN PAGA LOS PLATOS ROTOS?

 

Aquí lo dijimos reiteradas veces; resulta suicida la alianza PAN-PRD. Incluso pronosticamos la debacle.

Hoy, luego de la catástrofe, PAN y PRD reconocen el error histórico de acudir a la presidencial de julio en alianza. Lo que no sabemos, sin embargo, es quién pagará los platos rotos.

Y es que el pacto entre azules y amarillos no sólo fue un grosero matrimonio “contranatura”, sino un grave error político; acaso el mayor en la historia de los dos partidos.

Sin embargo –y a pesar de las evidencias–, los jefes de los partidos azul y amarillo no solo cerraron ojos y oídos, sino se negaron a ver la realidad.

¿Y cuál era esa realidad?

Que a pesar de todo el descrédito que cargan los partido políticos y más allá de los fracasos del PAN y el PRD en el ejercicio del poder, la sociedad mexicana no está lista para el matrimonio entre derecha e izquierda partidistas. Sí, a Morena y a Obrador le perdonan todo, pero AMLO sólo hay uno.

Pero la responsabilidad en el fracaso del PAN y PRD no fue sólo de los ambiciosos jefes partidistas –que se repartieron el botín sin pudor alguno–, sino de las estructuras partidistas que miopes no vieron el tamaño del error.

Por ejemplo, en el caso del PAN, resultó un error descomunal dejar no sólo la dirigencia azul en manos de un principiante de la política, sino que lo peor fue que hicieron candidato presidencial al inexperto Ricardo Anaya, pasando por alto principios, valores y, sobre todo, la historia de un partido que construyó parte de la democracia mexicana.

A su vez, el PRD le entregó la dirigencia nacional del partido y la candidatura a la Ciudad de México, a una improvisada “sin oficio ni beneficio”. Perdieron todo y en el pecado llevaron la penitencia.

Pero acaso lo más grave es que los jefes del PAN y el PRD  –antagónicos naturaleza desde su origen–, ignoraron por completo a sus militancias, a las que obligaron a decidir entre lo malo –los candidatos de la alianza–, y lo peor; el emergente partido Morena.

Y el tamaño del error lo exhibió en días pasados el ex dirigente nacional del PRD, Carlos Navarrete, quien luego de evaluar los resultados en las urnas informó que el 80% de los perredistas votaron por AMLO para la presidencial y por los candidatos del PRD para el resto de los cargos de elección popular. Es decir, millones de perredistas no tuvieron alternativa que AMLO.

Hoy, frente a la debacle que casi los lleva a la tumba, panistas y perredistas procesan “el recuento de los daños”, en medio de un mea culpa que de poco o nada sirve y que pocos creen.

¿Por qué no sirve de nada? Porque el daño a la democracia mexicana puede ser irreversible, salvo que azules y amarillos entiendan que es momento de volver al origen.

Y es que en el próximo gobierno viviremos circunstancias similares a las del nacimiento del PAN; un populismo autoritario y nada democrático que los azules ya lo combatieron, mientras  el PRD está obligado a reivindicar a la verdadera izquierda, frente a esa farsa llamada Morena.

Al tiempo.