El grito sale caro: hasta 800 pesos por un chile en nogada
CANCÚN, QRoo, 29 de abril de 2026.- En las ciudades, el Día del Niño amanece con una energía distinta. Los parques se llenan de colores, las escuelas se transforman en escenarios de fiesta y las plazas comerciales se convierten en pequeños mundos de celebración. Hay música, globos, dulces y regalos. Por unas horas, la infancia urbana parece suspendida en una alegría completa.
Pero esa imagen no alcanza a cubrir toda la península.
A pocos kilómetros de esas celebraciones, en comunidades dispersas de Quintana Roo, Yucatán y Campeche la niñez crece en otro ritmo. Aquí, el sonido no es el de la fiesta, sino el del silencio entre caminos de terracería, el paso lento de un transporte que no siempre llega y la rutina de lugares donde los servicios públicos son limitados o dependen del estado que logre acercarse primero.
En esta franja de la península existe incluso un punto que lo resume todo: el llamado Punto PUT.
De acuerdo con registros geográficos e investigaciones periodísticas, el Punto PUT —o Punto de Unión Territorial— es una coordenada en la selva donde convergen los límites de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. No es solo un punto en el mapa: es una zona de disputa territorial histórica entre los tres estados, donde la definición de fronteras no ha quedado completamente resuelta y aún es analizada por instancias federales como la Suprema Corte de Justicia de la Nación .
En ese territorio difuso, donde los mapas no siempre coinciden con la realidad, viven comunidades enteras que han crecido entre la incertidumbre administrativa y el rezago. Ahí, la escuela puede depender de un estado, el centro de salud de otro y los servicios básicos de ninguno en específico.
El resultado es una infancia que no siempre tiene un mismo punto de partida.
Mientras en las ciudades el Día del Niño se celebra con abundancia, en estas zonas el festejo suele ser mínimo: una convivencia escolar, una comida comunitaria o un gesto simbólico que intenta replicar, a su manera, la alegría que llega desde lejos.
Pero el contraste es inevitable. La fiesta es visible en unos lugares; en otros, la realidad es más silenciosa.
Y en medio de todo, el llamado Punto PUT deja de ser solo una coordenada geográfica para convertirse en una metáfora: la de un territorio donde los límites no solo dividen estados, sino también oportunidades.
Porque ahí, entre la selva y las brechas administrativas, también crecen niñas y niños que esperan algo más que un festejo: esperan pertenecer plenamente a un lugar que los reconozca.
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Quadratín Quintana Roo.
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